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jueves, 26 de mayo de 2011

Standing ovation



Mary Poppins  (a spoonful of sugar)

Posiblemente fue mi primera consciencia de un musical. Posiblemente fue mi primera consciencia de la magia, de la fantasía, de la imaginación. Tal vez fue la primera vez en mi vida que fui absolutamente feliz.
Estaba en un cine de verano de mi pueblo, El Cine Exportadora, a finales de los sesenta. Sí, la ilusión se repartía a veinticinco pesetas el pelotazo por aquellos entonces. Con pipas y gominolas incluidas.
No recuerdo mucho, la verdad, pero podría asegurar que las estrellas de aquel cielo estival se confundían con las imágenes de la señora con sombrero y paraguas sobrevolando Londres o los deshollinadores saltando como locos entre tejados y chimeneas. Y al día siguiente nos llevarían a bañarnos a la piscina. Supercalifragilisticoespialidoso!!
La vida pasa, los niños crecen, dejan de creer en niñeras voladoras y pingüinos bailarines. Aquel cine de verano cerró para siempre, y sobre los escombros del viejo ambigú y la blanca pantalla -que alojaba nuestros sueños y alguna que otra lagartija despistada- se construyó una urbanización que, dicho sea de paso, no se parecía en nada a Cherry Tree Lane.
En el año 2004 en Londres -no podría ser en otro lugar- se estrenó un nuevo musical basado en una antigua película de Walt Disney que a la vez adaptaba un cuento infantil de la escritora y periodista australiana Pamela Lyndon Travers (P.L.Travers, seudónimo que ocultaba su género femenino, cosas de la época). El reto era cosa seria, llevar al teatro una de las cintas más populares de todos los tiempos -la que consagró a estrellas como Julie Andrews o Dick Van Dyke- y parte esencial de la memoria afectiva de aquella generación y de muchas otras. Pero para la factoría Disney, que ya había convertido en shows Beauty and the Beast o The Lion King con atronador éxito por cierto, no hay nada imposible.
La famosas canciones de los hermanos Sherman (Robert B. y Richard M., autores de bandas inolvidables como Chitty Chitty Bang Bang, La Bruja Novata o El Libro de la Selva) no podían faltar en la traslación, pero, como en cualquier adaptación, resultarían insuficientes, por lo que fueron revisadas y ampliadas por George Stiles y Anthony Drewe, que crearon algunos de los mejores números de este nuevo montaje. Temas como Practically Perfect o Anything Can Happen empastan a la perfección con los ya existentes además de recrear con exactitud el espíritu del original.
Estando Mr. Cameron Mackintosh (Oliver!, Les Miserables, The Phantom of the Opera...) al mando de la producción, la grandiosidad estaba más que asegurada. Los increíbles decorados, el vestuario, los efectos especiales y la iluminación consiguen recrear una fantasía que solo el cine puede alcanzar. Y las acrobáticas coreografías de Matthew Bourne -que incluyen actores bailando claqué boca abajo desde lo más alto del escenario- logran ponernos los vellos de punta. Y no nos olvidemos de los actores, que aunque a veces parezcan ocultarse tras toda la parafernalia técnica, hacen un trabajo excepcional. Los iba a contratar la Disney de no ser así... Laura Michelle Kelly es Mary, y claro, quitarte a la original de la cabeza es imposible, pero la chica llega a entusiasmarnos con su gracia y su extrema perfección técnica. De veras ella es "practically perfect". Y Gavin Lee, en el personaje de Bert el deshollinador es... de otro mundo. Los aplausos más estruendosos son para él, y se lo merece, porque consigue hacer en el escenario cosas que jamás ningún actor o bailarín llegaron a hacer. Y hacernos olvidar a Van Dyke no es algo precisamente fácil...
La obra se exportó a Broadway dos años después, avalada por el éxito en Londres y por una montaña de premios y de buenas críticas. Y aún sigue allí, en el New Amsterdan Theatre, uno  de los más viejos teatros de la ciudad restaurado especialmente para albergar el evento, con una soberbia decoración modernista que ayuda a que entremos en la magia del espectáculo incluso antes de que comience.
En resumen, que solo por hacer realidad los sueños de tantos espectadores -grandes y pequeños-, por lograr que se te olviden los cien pavos que te has gastado en la entrada en cuanto se alza el telón, por hacer que se humedezcan los ojos de los más duros y se ericen los pelos de los más insensibles, y por conseguir que regrese ese niño que se marchó lejos de aquel viejo cine de verano... por todo eso esta semana le damos nuestra Standing Ovation a un musical prácticamente perfecto, Mary Poppins.
Y claro, por poner una cucharada rebosante de azúcar en nuestra a veces insípida existencia.








jueves, 19 de mayo de 2011

Music & lyrics






Jerry Herman  (before the parade passes by)

It's today! Al igual que uno de sus personajes más exitosos, Mame Dennis, la madre de Jerry Herman también pensaba que cada nuevo día debería ser celebrado por todo lo alto por el simple hecho de haber amanecido otra vez. ¿Y acaso no es verdad? 
Ésta y ninguna otra es la premisa de la que parten las obras más populares del autor que nos ocupa, de un optimismo insultante y una energía inagotable frente a las adversidades de la vida (y no faltaron…)  Put on your Sunday clothes (vístete de domingo), The best of times (el mejor de los tiempos), Open a new window (abre una nueva ventana),  Tap your troubles away (olvida tus preocupaciones taconeando)…  Los títulos de sus temas más populares ya nos insuflan vitalidad a espuertas por sí mismos. No importa lo mucho que te duela lo que te duela, tú sonríe, que algo siempre queda… Puro espíritu Broadway!   
Sus heroínas –Dolly, Mame o la Condesa Aurelia, la loca de Chaillot- gozan de un incombustible brío que siempre era transmitido al público y perduraba en su estado de ánimo gracias, muy especialmente, a las alegres y apoteósicas melodías de este genio de la composición.  Las notas también sonríen en el pentagrama, es la norma de la casa.
Pero claro, la vida que le esperaba a este chico de New Jersey -aunque regada de éxitos mundiales en lo profesional- también vendría plagada de soledades, pérdidas, enfermedad… vamos, como la de cualquiera. Su madre, una cantante de orquesta de hoteles, murió poco antes de que Jerry comenzara a hacerse popular en el mundo de la composición, algo que nunca llegó a superar, pero bueno, como se suele decir en el argot de los teatreros, show must go on!!
Con solo diecisiete años, y harto de participar en obras escolares y escribir funciones para campamentos de verano (en EEUU el musical llega a cualquier parte), el afamado compositor Frank Loesser (Guys and Dolls) le animó a embarcarse en proyectos de mayor ambición, y así llegó a recalar en el Off-Broadway con su primera revista en 1954. De ahí a estrenar su primer musical en un teatro de primera pasaron solo unos años, “Milk and Honey” se llamaba, una historia sobre la fundación del Estado de Israel que lo situó entre las promesas más claras del momento. Y poco después llegó –saludando mucho y bajando las escaleras como nadie jamás lo ha hecho en ninguna obra que se precie-  su personaje más célebre, la pieza que lo ha llegado a consagrar como uno de los grandes y un título imprescindible del teatro musical americano, Hello Dolly!
Después llegó Mame, otra bajada de escaleras de campanillas. Angela Lansbury consiguió el papel de su carrera y la obra volvió a batir records de permanencia en cartel. Al igual que con Dolly, también fue llevada al cine poco después. 
Pero también llegaron los fracasos, Dear World, Mack and Mabel, The Grand Tour… magníficas obras y magníficos batacazos. Ni siquiera un maestro de lo comercial contaba con la fórmula del éxito seguro. Menos mal que, ya en la década de los ochenta, La Cage aux Folles –una auténtica celebración de “la diferencia” y un alegato contra los armarios bien cerrados- le vino a redimir de tanta decepción. Hoy se ha vuelto a estrenar en la gran ciudad y, no te molestes, sigue sin haber billetes.
Lo que nos ilustra esta semana son dos fragmentos de la gala del Kennedy Center Honors del año pasado, un gran homenaje anual a personalidades que han destacado en las distintas artes, algo así como un Oscar honorífico, pero con una banda multicolor que les colocan que parece sacada de una carroza del Gay Pride (lo que en este caso no podría ser más oportuno). Lo presenta su musa más fiel, Mrs. Lansbury, y lo amenizan Carol Channing, Chita Rivera, Kelsey Grammer, Matthew Morrison (Glee), Sutton Foster o Kelly O´Hara entre otros. De lo mejorcito de la huerta, él no se merece menos.
Disfrutad del show! Y disfrutad de la vida y de las cosas buenas que nos trae mientras aún estemos a tiempo. Y acabo con las palabras de una auténtica filósofa -además de reputada casamentera- que gritaba a los cuatro vientos que hay que comerse el mundo y exprimir hasta la última gota... antes de que el desfile haya pasado.






viernes, 13 de mayo de 2011

Qué fue primero? (de Broadway a Hollywood)





Sweet, sweet Charity... 

Imagina la escena. Una muchacha sola y desvalida vaga por una carretera semivacía a la que poco a poco se acercan jóvenes bulliciosos que vienen de juerga y se burlan de ella, gritando y alborotando. Tocan guitarras y acordeones. Sus risotadas contrastan con las lágrimas que corren por las mejillas de la chica provocando un alud de rimel sobre su cara. De pronto alguien la mira y la saluda cordialmente –buonasera-  y entonces su expresión cambia, una sonrisa se dibuja en sus labios y en los ojos emborronados comienza a brillar una lucecita de esperanza, la ilusión ha regresado una vez más. Mientras tanto suena la melodía –ma la vita continua,  Nino Rota- y ahora son nuestros ojos los que se llenan de lágrimas.
Tal vez esta misma emoción fue la que sintió Bob Fosse cuando al salir de aquel viejo cine de la 42, decidió que había que convertir esa maravilla en un musical. Desde hacía tiempo le debía a su esposa un buen vehículo de lucimiento, y aquel podía ser el pago perfecto a sus constantes infidelidades y la recompensa a tanta lealtad, personal y artística. Además de un papel que parecía pensado especialmente para ella, el personaje con el que toda actriz de edad intermedia podría soñar.
Probablemente en la imaginación de Neil Simon, Dorothy Fields o Cy Coleman (libretista, letrista y músico) también había nacido un musical después de que vieran por primera vez uno de los finales más hermosos de la historia del cine. Las noches de Cabiria, Federico Fellini, 1957.
Manos a la obra. Lo primero, la protagonista. Gwen Verdon (que era a Bob Fosse lo que Giulietta Massina a Fellini), luego la adaptación, el concepto y por supuesto las canciones y las coreografías. La historia original contaba la cadena de fracasos sentimentales de la ingenua Cabiria, una prostituta de las afueras de Roma que sueña con salir de la calle y encontrar el amor de su vida. Optimista incombustible, tiene la suerte de toparse con los tipejos más impresentables que uno pueda imaginar, que no contentos con chulearla le roban el bolso con todos sus ahorros, y con todas sus esperanzas.
En la versión que se estaba escribiendo, Roma se convierte en Nueva York –cosa típica en las adaptaciones del género- y el cambio funciona a la perfección. Una gran ciudad repleta de oportunidades, cada día desayunamos con un sueño y nos acostamos con una desilusión. Y las fulanas callejeras se transforman en un grupo de bailarinas de alquiler del Fandango Ballroom, lo que resuelve dos problemas al mismo tiempo, por una parte se suaviza la historia (aunque a Fosse le ponía lo sórdido más que nada en el mundo, estamos en la América de los sesenta y no hay que abusar) y además servía como excusa perfecta para los números de baile. Pero a pesar de los cambios, de las canciones (de lo mejorcito que ha parido Coleman, que ya es decir) y de un tono mucho más festivo y menos oscuro, el espíritu del original no llega a traicionarse en absoluto. Con semejante plantilla de maestros, trabajamos sobre seguro.
El musical se estrenó con atronador éxito –sobre todo para su protagonista- en el Palace Theatre, en el corazón de Times Square en 1966. Próxima parada, Hollywood.
Aunque a muchos nos pueda parecer una total injusticia, para la versión en cine se pensó en Shirley MacLaine como protagonista –mucho más conocida por el gran público que Verdon-, cosa bastante común en este tipo de translaciones, un nombre que venda y garantice el taquillazo por encima de todo lo demás. En cualquier caso, la elección no podía ser más acertada. 
Por fortuna decidieron conservar el mismo director. Así Sweet Charity se convirtió en la primera película realizada por Bob Fosse (después vendrían Cabaret, All that jazz…), y a pesar de que no logró todas las expectativas de los estudios –a su creador le perseguía como una sombra el éxito y el fracaso- podemos decir que hoy por hoy es uno de los musicales mejor filmados de la historia. El famoso número del Big Spender (de obligada presencia en esta entrada) lo demuestra por sí solo. No hay nada más sexy, ni más morboso, ni más cachondo ¿o sí?
Massina, Verdon , MacLaine… inocentes, ingenuas, tontas…dulces Cabirias, dulces Charitys…¿quién no lleva una dentro? Miren y vean.   
Do you wanna have fun?  









jueves, 5 de mayo de 2011

That´s dancing!



Michael Bennett  (One singular sensation)

Every little step she takes...Sí, es una sensación única ver cada paso que da...
Ya que esta sección la inauguramos -más que merecidamente- con Bob Fosse, hoy seguimos con alguien que, aunque bastante más joven, para muchos fue su más fuerte rival. O tal vez no, porque a pesar de que sus trabajos coincidieron en tiempo y lugar, cada uno tuvo un estilo y una marca de fábrica absolutamente personal e intransferible. Es lo que tienen los genios, toneladas de personalidad. Pero sí es cierto que el apabullante éxito de su obra magna, A Chorus Line, pudo influir en la indiferente acogida que recibió el musical Chicago, ambos estrenados en 1975. Qué tiempos aquellos...
But everything was beautiful at the ballet... Aunque los orígenes de este chico de Buffalo (New York) no fueron nada fáciles, y en su adolescencia tuvo que luchar contra los prejuicios y la intolerancia propias de la época -no fue buena idea ser judío y gay en la América de los 60- Bennett encontró un refugio blindado para su personalidad en la escritura y la danza, y así comenzó a imaginar argumentos y a darles forma y ritmo. A pesar de que su vida estaba plagada de frustración y desprecio, todo era tan bello en el ballet...
I can do that! Una vez que consiguió entrar en Broadway como chico del coro y tras haber desempeñado su primer papel en una gira nacional (Baby John en West Side Story), Betty Comden y Adolph Green  (artífices de Singin´ in the rain, Applause, Wonderful Town...) lo ficharon para diversas producciones y así pronto comenzó a imponer sus propias coreografías además de ejecutarlas. En esos tiempos conoció a Donna McKechnie, la que será su mayor fuente de inspiración durante el resto de su carrera y protagonista de su pieza cumbre. A finales de los sesenta ya había participado en obras como Subways are for sleeping, Here´s love y Bajour, con Chita Rivera, pero el verdadero reto llegó cuando decidió contar su propia vida en forma de casting perpetuo -interesante metáfora- y escribió, coreografió y dirigió una de las funciones con más éxito en la historia de Broadway, un verdadero homenaje a la lucha cotidiana de los aspirantes a pisar las tablas de la gran ciudad y la mayor declaración de amor al mundo del espectáculo que nunca nadie realizó, A Chorus Line.  Aunque luego llegaron Promises Promises o Company -en cuyos éxitos tuvo mucho que ver- será esta obra la que de verdad lo identifique, por la que obtuvo verdadera celebridad y reconocimiento.
What I did for love... La historia de un grupo de aspirantes en una feroz selección para un nuevo musical, sus ilusiones, anhelos, su desesperada necesidad de conseguir el puesto en esa linea de coro (ni siquiera luchan por el papel protagonista), y cómo se van dilucidando sus propias vidas, recuerdos de infancia y miserias personales. Todo eso sucede en un escenario vacío, sin tramoya -cosa insólita en los montajes de esa época- con un director en la sombra del pasillo indagando sobre sus currículums vitales y metiendo mucho el dedo en cada llaga. Podemos identificar claramente al autor con un par de personajes  -Paul y Greg, ambos homosexuales, uno acomplejado por sus traumas familiares y otro descaradamente abierto, muy "out of the closet"- pero en realidad Michael son en cierto modo todos y cada uno de ellos. El guión se escribió en base a una larga serie de entrevistas de meritorios reales grabadas en magnetofón y de ahí surgió toda la trama. Marvin Hamlish puso la música y el corazón, aunque fue nuestro homenajeado quien entregó su propia vida al proyecto. Literalmente, porque aún estando en cartel -permaneció quince años y 6.137 representaciones en el Shubert Theatre, donde hoy hay una inscripción que le recuerda- Bennett enfermó de sida y murió con cuarenta y cuatro años en 1987 -curiosamente el mismo año que Fosse, parece que tenían ganas de juerga en el cielo-  después de haber conseguido un premio Pulitzer y un buen puñado de Tonys.  Y según sus propias palabras, y las de la balada más hermosa de este musical, nada de esto lo hizo por el éxito o la fama, sino por verdadero amor. Al arte, a la danza, al teatro y en definitiva, a la vida. Y ya sabemos que hay amores tan intensos que nos acaban matando.
Kiss today goodbye...



Recomendamos el documental "Every little step" de Adam Del Deo (2008), donde se narran la carrera de fondo de los autores para estrenar este musical y la de cada miembro del cast para conseguir el papel. Realidad y ficción en perfecta armonía.