Wilkommen, bienvenue, welcome!!

jueves, 6 de octubre de 2011

Play it again



A house is not a home

Una silla seguirá siendo una silla aunque no haya nadie sentado en ella. Pero una silla no es una casa, ni una casa es un hogar hasta que no hay alguien esperando para abrazarte y darte un beso de buenas noches.
Estas palabras - que desde luego suenan mucho mejor en su lengua original- no pertenecen al autor del blog, sino a una canción escrita allá por los sesenta y tantos por dos genios de la música popular americana, Burt Bacharach y Hal David. Música y letra. Desde el aceite y el vinagre -o la ginebra y la tónica- el ser humano jamás inventó una mejor conbinación.
Las canciones de Bacharach tienen la capacidad de llevarte de la mano a los lugares a los que con frecuencia nos resistimos a entrar, los de los sentimientos, la ternura, las emociones, la sensibilidad y el romanticismo con mayúsculas. Llámalo sensiblería ¿qué más da? Por mucho que hayan criticado estos temas y los hayan tachado de fáciles o comerciales, el tiempo sigue conservándolos frescos y jóvenes mientras los que los criticaban ya hace años que pasaron de largo. ¿O no?
Esta pequeña e inocente canción, que como muchas otras habla del amor en una de sus múltiples variantes, fue grabada por primera vez por Dionne Warwick en 1964, y aunque no fue precisamente un éxito al instante, se ha llegado a convertir en uno de los temas más versionados de sus autores, un "standard" imprescindible para los mejores vocalistas del mundo.
El año pasado fue incorporada a la partitura del revival de un musical llamado Promises, Promises que no es sino la versión de Broadway de la mítica película de Billy Wilder El Apartamento. En el repertorio original de esta obra figuraban temas tan célebres como I´ll never fall in love again o Whoever you are, auténticas joyas perfectamente hiladas con el argumento dramático de la trama, pero tal vez para asegurar el éxito del nuevo montaje -como si no hubieran bastado las presencias de Kristin Chenoweth y Sean Hayes- añadieron dos indiscutibles hits de sus autores como I say a little pray for you y el tema que hoy nos ocupa.
Y la verdad es que las dos nuevas incorporaciones empastan perfectamente en la acción. Cuando la protagonista, Fran Kubelik (interpretada por Shirley McLaine en la película) se queda sola en el despacho de su jefe/amante y se plantea regresar a casa tras una alocada fiesta de navidad, se da cuenta de que nadie la está esperando allí, que lo que va a encontrar es un apartamento vacío y solitario. ¿Se te ocurre mejor pretexto -nunca mejor dicho- para insertar un tema que describa ese estado de indefensión y abandono?
Con esta preciosa balada inauguramos una nueva sección para la segunda temporada de Stage door. Una sección en la que las canciones -principio y fin del teatro musical- tendrán el protagonismo que merecen. Canciones que nacieron para contar historias entre cajas y que en muchos casos consiguieron una vida propia, lejos de las bambalinas y los decorados de cartón piedra.
Y hoy traemos, además de la cantante que lo interpretó el el teatro, a la "diosa blanca" y la "diosa negra" de la música popular del último siglo. Barbra Streisand y Ella Fitgerald son, entre otros muchos, dos de las cantantes que hicieron suya esta canción, que no será una canción de verdad hasta no ser escuchada por alguien como tú. Igual que este blog no es un blog hasta que lo abres y lo miras. 






jueves, 29 de septiembre de 2011

Another opening, another show! (una historia de Broadway, 4)



Broadway,1929 (tap your troubles away!)

Jueves negro. El desplome de la bolsa de valores en Wall St. comienza a provocar el temido efecto dominó. La desmesura, el despilfarro, la avaricia y el descontrol por parte de la administración -¿nos suena?- traerán como consecuencia la llamada Gran Depresión. Todo parece derrumbarse alrededor, el sistema capitalista en tela de juicio, para muchos un "juicio final", especialmente para los que decidieron saltar por la ventana del rascacielos más cercano. El mismísimo Florenz Ziegfeld, sin ir más lejos, estuvo a punto de ser uno de ellos cuando días antes de poner en marcha su último espectáculo comprobó que acababa de perder más de tres millones de dólares invertidos en bolsa. El abominable cartel de "cancelled" empezó a decorar las fachadas de los teatros mientras las calles se llenaban de mendigos que suplicaban ayuda. Brother, can you spare a dime?  
Sin embargo el público seguía demandando diversión en un tiempo en el que la "ley seca" se respetó menos que nunca y la ciudad se llenó de "speakeasies" o locales clandestinos en los que se consumían litros de alcohol mientras se bailaba a ritmo de rag o charleston. Ahora más que nunca la gente necesitaba escapar, olvidarse de sus dramas aunque solo fuera durante un par de horas. En un tiempo en el que las chicas habían acortado sus faldas y su pelo, parece que lo único que se alargaban eran las colas de racionamiento.
Los Gershwin, Richard Rogers, Cole Porter, Marilyn Miller, Fred Astaire o el propio Ziegfeld emigraban a la costa este buscando el amparo de los grandes estudios en constante demanda de talentos. Eran los años dorados de Hollywood, en los que la irrupción del cine sonoro elevó al máximo la popularidad de las películas musicales. La fórmula que tantas veces se repitió fue la de adaptar argumentos de Broadway al cine, con montajes y coreografías de vértigo -las famosas composiciones de Busby Berkeley con sus increíbles efectos de caleidoscopio- que ahora más que nunca ayudarían al público en su conpulsivo deseo de soñar. Los actores y actrices de Broadway también volaron a la otra punta del país ante la necesidad de personal capaz de actuar, cantar y "hablar", además de dar bien ante la cámara. 
Al mismo tiempo, en un viejo teatro de Nueva York se estrenaba un peculiar musical, una "revue" con un carácter completamente distinto al resto de las típicas funciones más frívolas y desenfadadas. "Americana" era el título de una obra que tuvo que mudarse de teatro en más de una ocasión perseguida por la censura política que la acusaba de "subversiva y bolchevique". Se puede decir que "Americana" fue uno de los primeros musicales "de compromiso", con números que hacían burla del capitalismo y los políticos y denunciaban la injusticia social. De él se extrae una canción que para muchos puede ser la definición perfecta del  fracaso del sueño americano, el "himno" de la Depresión, Hermano, me puedes dar diez centavos? Paradójicamente este tema se convirtió en un gran éxito en la voz de Bing Crosby.
Ahí reside la grandeza de Broadway, en la capacidad de hacer coincidir en los carteles obras que representan una versión absolutamente frívola de la vida, con otras de pretensiones más serias y concienciadas, que se negaban a fingir no ver lo que estaba sucediendo a su alrededor. El mismo George Gershwin triunfaba con piezas tan ligeras como Fascinating Rhythm o Girl Crazy, mientras en sus ratos libres se sumergía en la creación de su obra magna, algo mucho más serio y ambicioso, una ópera llamada Porgy and Bess que aunque al principio no fue demasiado bien entendida, poco a poco se situó en el cenit de la música popular norteamericana, y al mismo tiempo de la música clásica internacional.  
Summertime and the livin´ is easy... Irónico ¿no? Un tiempo de verano en medio del más crudo invierno que azotaba el país en el que los sueños se hacen realidad.     








jueves, 22 de septiembre de 2011

Who is who in the cast



Chita Rivera  (and all that jazz!)

Dolores Conchita Figueroa del Rivero. Nacer con este nombre, nacer de padres puertorriqueños, nacer mujer y en los años treinta, no tiene necesariamente que estar reñido con haber nacido para triunfar, para ser una estrella. Una de las más grandes que ha dado la historia del musical americano.
De no haber existido ¿quién más podría haberle dado piel -morena y dura, de la que no se rompe facilmente- a Velma Kelly en Chicago, Anita en West Side Story, Rosie en Bye Bye Birdie, Liliane en Nine o Aurora en Kiss of the Spider Woman? ¿Dónde habrían encontrado a alguien capaz de ser así de racial, de fuerte, de cómica y de trágica, de bailar y de cantar con tanto fuego? Alguien capaz de meterse en los zapatos de tantas mujeres extraordinarias, y ser al mismo tiempo tan "de verdad", no debe ser muy fácil de encontrar.
Chita creció oyendo a su padre tocar el saxo, envuelta en música y ritmo desde pequeña. Pero la música acabó pronto -o mejor dicho, se interrumpió- cuando a los siete años su padre murió y madre e hija se mudaron a Washington DC, a poner en marcha una nueva vida. Y fue allí donde la niña comenzó a tomar clases de baile, que mientras para otras suponían un complemento a su educación, para Conchita fueron una revelación definitiva. Mamá ¡quiero ser artista!.
A los 15 años, un profesor de danza de la escuela de Balanchine, en Nueva York, se fijó en ella y no paró hasta conseguirle una beca en una de las escuelas de ballet más prestigiosas el país. Nadie podía detener el salto a la gran ciudad. Y luego la historia de siempre, o de casi siempre. Audición tras audición, pruebas, trabajos diversos para pagar el alquiler de un apartamento compartido en la parte peligrosa del Village...y de pronto la oportunidad en forma de folletín clásico. Cuando acompañaba a una amiga a hacer una prueba para un papel secundadrio en Call Me Madam (Elaine Stritch era la protagonista, ni más ni menos), acabó consiguiendo ella misma el trabajo. No sabemos si ahí terminó su amistad, pero lo que sí sabemos es que en ese instante comenzó una carrera vertiginosa que la llevó a convertirse en cabeza de cartel pocos años después.
Y en 1957 su consagración. Sus rasgos latinos y su frescura casi salvaje en el escenario, le proporcionaron su primer papel de verdadera importancia, Anita, la puertorriqueña que "quiere vivir en América". West Side Story fue uno de los mayores éxitos de la historia de Broadway gracias a Bernstein, a Sondheim, a Robbins, a Laurents...y a ella misma. Hoy no resulta fácil recordar el nombre de la protagonista de la obra, sin embargo ya nunca más hubo que explicar quién era Chita Rivera.
En las marquesinas de Bye Bye Birdie -años sesenta- su nombre ya lucía sobre el título junto al de Dick Van Dyke, y no mucho después empezó a rondarla el que por entonces se había convertido en el mejor director y coreógrafo del momento, Bob Fosse. Su electrizante forma de bailar, cantar y actuar enamoraron al genio, que le reservó el papel de Nicky en la versión cinematográfica de Sweet Charity. Ese Big Spender nunca habría sido lo mismo sin sus curvas y su descarada sensualidad. Y no pudo pensar en otra para montar, en 1975, el que ha sido uno de sus más celebrados trabajos, Chicago. Desde entonces, cientos de actrices han subido por esa plataforma situada entre los músicos entonando el "Come on babe, why don´t we paint the town..."  pero si escuchas con atención el disco original verás que nadie lo ha hecho como ella. Con toda su energía, con toda su ironía, con todo su jazz.
Para colmo es de las pocas actrices que han sabido evolucionar con su edad. Papeles como el de Anna en The Rink (junto a otra fuerza de la naturaleza apellidada Minnelli) o el de Aurora en la versión musical de Kander y Ebb de la novela de Manuel Puig, El Beso de la Mujer Araña, demuestran que se pueden escribir cosas muy interesantes para mujeres de más de cincuenta. O de casi setenta, los años que tenía cuando volvió a poner un teatro boca abajo a golpe de tango con Antonio Banderas en la última producción de Nine.
Hace unos años montó su propio show llamado "Chita, the dancer´s life", y los que tuvieron la suerte de verlo seguro que pudieron descubrir la materia de la que están hechas las estrellas. La vida de una diva contada a ritmo sincopado, con tanto sentido del swing como del humor. Y con la humildad de la que gozan las verdaderamente grandes. Pero lo mejor, según los que estuvieron allí, fue comprobar como todavía, después de tantos años, seguía pisando las tablas con fuerza y seguridad, brillándole los ojos con la misma emoción, con la misma ilusión que, mucho tiempo atrás, debió sentir aquella niña de verdes ojos y negras trenzas bailando frente al espejo.






jueves, 15 de septiembre de 2011

Standing ovation




Follies (the road you didn´t take)

¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo habría sido nuestra vida si en vez de ese camino hubiéramos escogido otro distinto? Si en vez de esa puerta hubiéramos abierto otra, si en vez de ese taxi hubiéramos tomado el siguiente, si en vez de llegar tarde hubiéramos llegado a tiempo, o al revés. ¿Cómo habría sido la vida que nunca vivimos? ¿Y el amor que no conocimos? ¿Y los pasos que no dimos?
Hats off, here they come those beautiful girls...
Un teatro a punto de ser demolido, cascotes de yeso desprendidos, viejas cornucopias descolgadas, luces semifundidas, atrezzo amontonado y polvoriento, telones desgarrados... y el fantasma de la nostalgia deambulando a sus anchas entre palcos y bastidores cubierto de lentejuelas sin brillo. Así comienza una obra cargada de melancolía y al mismo tiempo una profunda declaración de amor al mundo del espectáculo.
Con motivo de la venta del viejo teatro Weismann -donde pronto van a construir apartamentos de lujo- se celebra un reencuentro de viejas glorias de las legendarias Weismann Follies, evento que reunirá a las chicas del coro de varias generaciones. Amigas, compañeros, rivales y antiguos amantes se volverán a encontrar después de muchos años, y entre risas y champagne irán sopesando qué ha sido de sus vidas, qué hicieron bien o mal, sus éxitos y sus fracasos, lo que pudo haber sido y no fue... Buddy y Benjamin, los jóvenes que esperaban a las coristas -Sally y Phyllis- en la salida de actores, ahora son sus esposos casi treinta años después, y hasta que no vuelven a verse no serán conscientes de lo acomodadas y aburridas que se han vuelto sus vidas, y sus matrimonios. El desencanto comienza a golpearles cuando rememoran la pasión y el amor que les movía entonces. Los deseos nunca confesados van apareciendo y toman cuerpo a través de canciones a veces sarcásticas y otras de una honda nostalgia. Y así comienzan un viaje con mucho pasado -y muy poco futuro- en busca del tiempo perdido.
Semejante material no podría haber caído en mejores manos que las de Stephen Sondheim, autor de música y letras, y James Goldman, responsable del libreto, consiguiendo ambos uno de los mayores éxitos de sus carreras. Harold Prince produjo la obra, concediendo una vez más su confianza a Sondheim, junto al que acababa de estrenar Company con una inmejorable acogida por parte de la crítica y del público. Y poco después llegaría A little night music, otra obra maestra resultado de la colaboración de estos genios tocados por la varita mágica de la inspiración.
En las distintas versiones que se han producido desde su estreno en 1971, las viejas glorias del Weismann Follies han sido interpretadas por actrices de los años dorados de Hollywood como Yvonne de Carlo, Ann Miller, Marni Nixon, Elaine Stritch, Marge Champion o Betty Garret, y todas han tenido la oportunidad de lucirse cantando los temas estrella de este musical -Broadway Baby o I´m Still Here- poniendo al público en pie al término de cada actuación. Y es normal, ¿quién puede permanecer indiferente ante tanto sentido del humor y de la autoparodia, ante tamaña manifestación de amor por el teatro con mayúsculas?
Una vez más, Follies regresa a la ciudad, y lo hace por la puerta grande, esta vez ofreciéndonos la oportunidad de ver a Bernadette Peters -una de las indiscutibles musas de Sondheim- haciendo el papel de la infeliz Sally Durant, que canta el tema más desgarrador de la función, Losing my mind. Solo por ese momento ya debe merecer la pena pagar la entrada, sin dejarnos atrás otros números sublimes como el Could I leave you? (esta vez por Jan Maxwell) de un cinismo exquisito y demoledor. A la gran Elaine Paige (Cats, Sunset Boulevard...) le toca ahora hacer de la delirante Carlotta, que tras haber pasado a través de lo mejor y lo peor del mundo de la farándula, se enorgullece al afirmar que a pesar de los desengaños, las traiciones, los sacrificios, los éxitos y los fracasos de su larga y ajetreada existencia, ¡aún sigue aquí! Todo un manifiesto de supervivencia.
Lo único malo que puede tener ver esta obra, es que incita a hacer balance de tu propia vida, a ver lo que no estamos seguros de querer ver, y a pensar en aquellos caminos que nunca hemos transitado, las páginas que por una razón u otra nunca escribimos. Pero no te preocupes, esta catarsis no puede ser tan mala si está acompañada por la música del maestro.





Intermission

 

Wellcome back!

Vayan ocupando sus asientos, el intermedio va a finalizar y comienza el segundo acto.
El telón está echado y la orquesta vuelve a situarse en sus puestos. La música del "entr´acte" suena repitiendo las melodías más pegadizas del acto primero conectándonos de nuevo con la trama, que suele quedar en suspenso cuando llega el intermedio. ¿Cómo acabará la historia? ¿Cómo será el final? Esa música nos recuerda que aún nos queda mucho por disfrutar...
Pues sí, ya pasó el "intermedio" que cada año suponen las vacaciones de verano. Nos guste o no, el curso arranca con todo lo que eso conlleva... y llega Septiembre, un tiempo de comienzos, renovación y nuevos propósitos para los que ordenamos los meses del año no desde Enero a Diciembre, sino de Septiembre a Junio. Como dice ese temazo de Kurt Weill, "September song", los días se acortan mientras el tiempo de otoño cambia el color de las hojas... y poco a poco nos disponemos a reencontrarnos con nuestra vida de siempre.
Stage door también regresa después de un paréntesis veraniego a acompañarnos cada semana (si las obligaciones de la "reentré" nos lo permiten) con nuevas -y viejas- músicas, otros autores, actores, directores y argumentos que merecen ser desempolvados e iluminados una vez más con ese "spotlight" o chorro de luz que tanto gusta a las estrellas. Continuaremos con nuestras ya habituales secciones, y añadiremos alguna nueva, como por ejemplo "Play it again..." (distintas versiones de temas célebres de musicales), "What´s about?" (temas y argumentos de la historia, la literatura o las artes traducidos en obras musicales) o "Broadway Baby" (musicales infantiles, familiares, navideños... sí, mucho Disney). Y ya sabéis que se aceptan sugerencias y peticiones ¿ok?
Pues manos a la obra, el show debe continuar, y continúa. El maestro de ceremonias nos da la bienvenida en varios idiomas, willkommen, bienvenue, wellcome... back in the business!!
Gracias por seguir ahí, y buen curso a todos. Ahora sí comienza la obertura del segundo acto, así que silencio en el patio de butacas, enjoy the show!


lunes, 25 de julio de 2011

Entr´acte


So long, farewell... 

Después de haber estado juntos desde enero, semana tras semana, no me parece adecuado despedirnos "a la francesa". No es de buen gusto, no. Ya sé que no es una despedida, sino más bien un intermedio, o como señalan los programas de teatro, un "entr´acte". Uno se levanta de la butaca, va al baño, comenta con sus colegas lo bien que lo están pasando, cómo ha cantado aquel actor, o qué pasada de montaje, mientras se fuma un cigarrillo en la puerta, siempre respetando una distancia prudente de la marquesina. Y recreándonos con los carteles luminosos, esperando que vuelva la magia con la música del entreacto. 
Pues algo así. Descansamos en verano, cerrado por vacaciones, vuelvo en 5 minutos (o en mes y medio).
So long, farewell, bye bye (birdie), so long dearie, bye bye mein lieber herr... el adiós -o el hasta luego- suena mucho mejor con música de Broadway ¿no?  Por eso os digo hasta pronto no sin antes dar las gracias a todos por vuestro apoyo, vuestra respuesta y manifiesto interés. Un beso a mis seguidores y seguidoras, a los que pinchan por curiosidad y a los que cada semana entran, disfrutan y participan con sus comentarios o sugerencias. Gracias from the bottom of my heart! 
Os dejo con esta foto codo con codo con mi querida y admirada tocaya (la semana que viene es nuestro santo, by the way). ¿Estamos guapos o no?
Y recordad que nos vemos en Septiembre, que es el mes perfecto para cualquier regreso. Y si Dios -o Sondheim- quiere, volveremos con mucha más música, mucho más teatro, las ya conocidas secciones más algunas nuevas, y bueno, con ganas de seguir disfrutando juntos del fascinante mundo del teatro musical. 
Mientras tanto apago luces, cojo la maleta, doy la vuelta al cartel de abierto, cierro la puerta, y corro lejos de aquí.  ¿Y por qué? Cause is too too too darn hot!!
Enjoy the summer!






jueves, 21 de julio de 2011

Music & lyrics





Cole Porter (You´re the top!)

You're the Coliseum. You're the top! You're the Louvre Museum.
You're a melody from a symphony by Strauss, You're a Bendel bonnet, A Shakespeare's sonnet, You're Mickey Mouse!
Si tuviéramos que buscar una sola palabra que definiera el estilo de Cole Porter tal vez sería lo que en inglés llaman "Witty". Agudo, ingenioso, divertido, inteligente, atrevido, hilarante y preciso hasta decir basta.
Eso si hablamos de sus letras, pero ¿y sus melodías? ¿Cómo alguien puede llegar a ser tan frívolo y banal y al mismo tiempo capaz de sumergirse en el sentimentalismo más profundo? Let´s do it, It´s DeLovely, Let´s misbehave, Tom, Dick or Harry, Well did you evah... son como burbujas de champagne -del mejor, eso sí-  frescas y efervescentes, ligeras y atrevidas, y desde luego capaces de emborrachar antes de que te des cuenta. Por otra parte All trough the night, Every time we say goodbye, So in love... nos pueden poner tan tiernos... Según la mayoría de los críticos especializados, no ha habido otro compositor más hábil a la hora de empastar letra y música. Según mi propia opinión, lo más complicado que ha logrado este genio es hacer que todo parezca tan fácil. Los versos más caprichosos entrelazados, sin perder una sola coma, con el ritmo y con la música, muchas veces de forma frenética. Y es que hay gente que nace tocada por una varita mágica.
Y hay gente que nace en Perú, Indiana, en medio de ninguna parte, y acaba con sus días en una lujosa mansión de Santa Mónica, California, habiendo recorrido un largo e intenso camino. Bueno, en realidad no hay mucha gente que haya vivido una vida como la suya.
Su abuelo, el dueño de la mitad de la madera y del carbón del estado (de ahí le vino el apodo de "Cole", heredado por su nieto) esperaba que el niño se convirtiera en un importante abogado, de hecho lo empujó hasta Harvard y Yale a ver si podían hacer carrera de él. Pero su madre se había encargado de matricularlo en un montón de clases de música desde pequeño. Ella parecía conocerlo mucho mejor -con ocho años ya tocaba el violín, el piano y hasta había escrito su primera opereta- así que sin moverse de la universidad dejó los pleitos para formarse académicamente en armonía y composición musical. Este fue uno de los muchos secretos que nunca supo su abuelo.
Fue fácil llegar a Broadway, fue fácil triunfar en Broadway, fue fácil ir a la guerra - o no, porque para muchos Porter nunca se alistó en el ejército, a pesar de su inveterada atracción por los uniformes- fue fácil trasladarse a Europa, viajar por todo el mundo, instalarse en París y encadenar éxito tras éxito en la década de los años treinta. ¿Le fue fácil casarse? Fue inevitable, porque a pesar de su reconocida homosexualidad, el amor que sintió por Linda Lee Thomas fue más allá de lo puramente convencional. Esposa, musa, amiga, hermana y madre. Lo que debieron reirse y lo que debieron llorar juntos...
Cada vez que se estrenaba un musical de Cole Porter (Gay Divorce, Anything goes, Jubilee, Red, Hot and Blue...) las entradas desaparecían, las discográficas se peleaban por grabar sus canciones y las emisoras de radio no paraban de poner sus pegadizos temas con las voces de Ella Fitzgerald o Fred Astaire.  Eran días de vino -mucho vino-y de rosas.
La otra cara de la fortuna: escándalos continuos, amenazas de divorcio, un desgraciado accidente de hípica, múltiples operaciones, dolor, depresión y olvido. A finales de los años cuarenta ya había conocido varios fracasos seguidos, y cuando muchos pensaban que su fórmula mágica -un perfecto cócktail de excentricidad y sofisticación- ya estaba agotada, le llegó uno de sus mayores éxitos y seguramente su mejor obra, una divertidísima parodia sobre The Taming of the Shrew de Shakespeare titulada Kiss me Kate.
En Hollywood también supieron explotar su genio, High Society, The Pirate o Silk Stokings fueron tocadas por su sello personal e intransferible, y le dieron fama -más aún- fortuna y reconocimiento mundial.
El pago tuvo que ser duro, adaptarse a la disciplina de los grandes estudios habiendo ido por libre casi toda su vida. En no pocas ocasiones fue censurado -y hasta vetado- por sus excesos, cada vez más continuos y descarados.
Berlin, Gershwin, Kern o Rogers lo adoraban -y lo envidiaban- y a veces estuvieron muy cerca de copiar su estilo, algo casi imposible de conseguir, porque ese algo único, genuino, que no era mejor ni peor, sino diferente, le pertenecía solo a él. Como dice una de sus canciones, You´ve got that thing! Ese algo que no se puede describir con palabras, al menos con las mías... You´ve got that thing, you´ve got that thing, That thing that makes birds forget to sing, Yes you´ve got that thing, that certain thing!
A pesar de lo oscuros que fueron sus últimos días -viudo, mutilado y amargado en la cruel soledad de su retiro final- a Cole Porter nadie lo recuerda con tristeza. La sola mención su nombre ya nos hace sentirnos elegantes y mundanos, predispuestos a llenar la copa y encender otro cigarrillo. Y muchos de los sueños de varias generaciones han tenido su música como fondo, when they begin the beguine...  
Y ahora lo tenemos de vuelta a casa -después de años de ausencia- y por la puerta grande, él no conoce otra. La puerta no es ni más ni menos que la del Stephen Sondheim Theatre, qué casualidad. Y vuelve con uno de sus musicales más absurdos y casquivanos, Anything goes (todo vale) a poner un poco de fantasía, mucho de picardía, toda la gracia, la ironía y el glamour de verdad que tanto echamos de menos en los días que corren. Así que, ya que nos queda tan lejos el teatro, ¿por qué no tomarnos un Dry Martini de los que tanto le gustaban e imaginamos locas aventuras en un crucero en el que todo, absolutamente todo vale, y cualquier cosa puede pasar? Eso sí, solo con su música como banda sonora.
But if, baby, I´m the bottom, you´re the top!