A house is not a home
Una silla seguirá siendo una silla aunque no haya nadie sentado en ella. Pero una silla no es una casa, ni una casa es un hogar hasta que no hay alguien esperando para abrazarte y darte un beso de buenas noches.
Estas palabras - que desde luego suenan mucho mejor en su lengua original- no pertenecen al autor del blog, sino a una canción escrita allá por los sesenta y tantos por dos genios de la música popular americana, Burt Bacharach y Hal David. Música y letra. Desde el aceite y el vinagre -o la ginebra y la tónica- el ser humano jamás inventó una mejor conbinación.
Las canciones de Bacharach tienen la capacidad de llevarte de la mano a los lugares a los que con frecuencia nos resistimos a entrar, los de los sentimientos, la ternura, las emociones, la sensibilidad y el romanticismo con mayúsculas. Llámalo sensiblería ¿qué más da? Por mucho que hayan criticado estos temas y los hayan tachado de fáciles o comerciales, el tiempo sigue conservándolos frescos y jóvenes mientras los que los criticaban ya hace años que pasaron de largo. ¿O no?
Esta pequeña e inocente canción, que como muchas otras habla del amor en una de sus múltiples variantes, fue grabada por primera vez por Dionne Warwick en 1964, y aunque no fue precisamente un éxito al instante, se ha llegado a convertir en uno de los temas más versionados de sus autores, un "standard" imprescindible para los mejores vocalistas del mundo.
El año pasado fue incorporada a la partitura del revival de un musical llamado Promises, Promises que no es sino la versión de Broadway de la mítica película de Billy Wilder El Apartamento. En el repertorio original de esta obra figuraban temas tan célebres como I´ll never fall in love again o Whoever you are, auténticas joyas perfectamente hiladas con el argumento dramático de la trama, pero tal vez para asegurar el éxito del nuevo montaje -como si no hubieran bastado las presencias de Kristin Chenoweth y Sean Hayes- añadieron dos indiscutibles hits de sus autores como I say a little pray for you y el tema que hoy nos ocupa.
Y la verdad es que las dos nuevas incorporaciones empastan perfectamente en la acción. Cuando la protagonista, Fran Kubelik (interpretada por Shirley McLaine en la película) se queda sola en el despacho de su jefe/amante y se plantea regresar a casa tras una alocada fiesta de navidad, se da cuenta de que nadie la está esperando allí, que lo que va a encontrar es un apartamento vacío y solitario. ¿Se te ocurre mejor pretexto -nunca mejor dicho- para insertar un tema que describa ese estado de indefensión y abandono?
Con esta preciosa balada inauguramos una nueva sección para la segunda temporada de Stage door. Una sección en la que las canciones -principio y fin del teatro musical- tendrán el protagonismo que merecen. Canciones que nacieron para contar historias entre cajas y que en muchos casos consiguieron una vida propia, lejos de las bambalinas y los decorados de cartón piedra.
Y hoy traemos, además de la cantante que lo interpretó el el teatro, a la "diosa blanca" y la "diosa negra" de la música popular del último siglo. Barbra Streisand y Ella Fitgerald son, entre otros muchos, dos de las cantantes que hicieron suya esta canción, que no será una canción de verdad hasta no ser escuchada por alguien como tú. Igual que este blog no es un blog hasta que lo abres y lo miras.
