La historia más grande jamás cantada
Es jueves, y no uno cualquiera, es Jueves Santo. Unos se van de vacaciones, otros se arremolinan a las puertas de las iglesias a esperar las procesiones, otras sufren los rigores de los tacones y las peinetas mientras algunos han decidido –con muy buen criterio- quedarse en casa y ver una vez más La Túnica Sagrada, Quo Vadis? o Rey de Reyes. A esta lista de clásicos pasionales tenemos que añadir uno esencial, una revisión hippy y transgresora sobre los últimos días de Cristo en la tierra. Jamás se pensó en un tema más trascendental para convertirlo en musical. Jamás nadie pensó que la Biblia pudiera romper taquillas en Broadway. A nadie antes se le había ocurrido lo que la historia sagrada podía dar de sí. Al fin y al cabo se han vendido más ejemplares de este best seller que de Harry Potter…
1970. En una de las muchas conversaciones entre los autores y amigos Tim Rice y Andrew Lloyd Webber –que ya habían trabajado juntos en otra obra “bíblica” Joseph and the amazing technicolor dreamcoat- vuelven a hablar sobre una locura que les rondaba desde hacía tiempo. El concepto ópera rock no existía antes de finales de los sesenta. Tommy (The Who), Hair o el mismo Joseph eran los únicos precedentes de este novedoso concepto. Aliñar los evangelios de San Mateo con baterías y guitarras eléctricas suponía un cierto riesgo, pero eran los setenta y la gente estaba ávida de experimentos psicodélicos, y desde luego mucho más abierta a nuevas ideas que hoy día. Así que se pusieron manos a la obra, a redactar el libreto –casi inexistente al tratarse de una ópera- las letras y las músicas. En poco tiempo ya estaba listo el repertorio pero aún sin productor que quisiera entregar su pellejo como prenda en esta insólita empresa. Por el momento grabaron un disco con los temas principales y al instante ya había un par de ellos colocados en las listas de éxitos (Superstar y I don´t know how to love him) Esto supuso alguna garantía para producir el show. Los intérpretes del vinilo eran Ian Gillian (Deep Purple) en el papel de Jesucristo, Murray Head (One night in Bangkok, Sunday, bloody Sunday) como Judas y una hawaiana semidesconocida llamada Yvonne Elliman como María Magdalena. La única, por cierto, que repitió papel en el estreno de Broadway y en la posterior película.
La popularidad del disco hizo que en pocas semanas fueran varias las producciones de aficionados -high schools y pandillas de jóvenes cristianos progres- que se pusieran en marcha. Todas sin autorización de los creadores. Era la primera vez que un musical se ponía en escena por amateurs antes de que se estrenara oficialmente. Pero la realidad es que ya nadie podía parar la “superstarmanía”.
En 1971 abrió sus puertas en el Mark Hellinger Theatre dirigido por Tom O´Horgan. Y no con las mejores críticas. La moral católica reaccionó de forma enérgica. Demasiado cinismo, demasiada política, demasiada humanidad y…demasiado Judas. Una historia sobre la pasión de Cristo en la que la resurrección no significa nada, en la que la Virgen María es ignorada, en la que Herodes aparece como una vieja reina del vodevil y en la que el punto de vista de la narración parte de Judas Iscariote… demasiada provocación.
Pero no olvidemos que a fin de cuentas quien de verdad manda en Broadway es el lobby judío, y parece que a pesar de lo que para su religión también significaba esta iconoclasta revisión, el olfato de los productores pudo mucho más y aquello, pese a todas las controversias, olía a taquilla que apestaba.
En el estreno el papel de Judas lo hacía nada más y nada menos que Ben Vereen (Pippin, Sweet Charity, All that jazz), la “pierna derecha” de Bob Fosse. Otra transgresión, un Judas negro. Lástima que al enfermar lo tuvo que ser reemplazado por Carl Anderson, el Judas de la película.
En 1972 llegó al Palace Theatre de Londres donde aún consiguió un mayor éxito. Con sus casi nueve años de permanencia en cartel se convirtió en el musical más longevo en el Reino Unido hasta la fecha. Poco después le quitó el record otra creación del mismo autor, Cats.
Desde Lituania hasta Australia pasando por Hungría o Venezuela, el Superstar arrasó en cada país que adaptó el show. El estreno de la versión cinematográfica no se hizo esperar demasiado. En 1973 Norman Jewison (El violinista en el tejado, Hechizo de luna) dirigió esta austera superproducción con el rockero Ted Neely como Jesús y Carl Anderson e Yvonne Elliman repitiendo los papeles de Judas y Magdalena. Rodada en desérticos parajes de Israel, la película prescinde de gran parte de la tramoya teatral optando por un minimalismo cercano a lo onírico. El vestuario y los escasos decorados revelan la enorme influencia que el movimiento hippy tenía en estos momentos.
A Madrid llegó en 1975. El productor Jaime Azpilicueta se atrevió con un montaje hipermoderno, algo que no se había visto jamás en nuestro país. Pero el riesgo no fue tanto al contar con una estrella como Camilo Sesto como protagonista. Angela Carrasco y Teddy Bautista (sin comentarios) fueron Magdalena y Judas. Uno de los logros fundamentales de esta versión fue la traducción de las letras, sin duda una de las mejores de nuestra irregular trayectoria patria.
Pues sí, es Jueves. Hay nubes y claros. El viento amenaza con regalarnos otra tarde indecisa. No sé si tanto como para enchufarnos Los diez mandamientos, pero por lo menos para echarle un vistazo a las muestras de las diferentes versiones que traemos esta semana. Versiones de una obra que ha unido a católicos, protestantes y judíos, que ha abierto ampollas y llenado bolsillos, y que se ha instalado en la memoria afectiva de muchos –del que escribe al menos- por los siglos de los siglos. Amén.