Wilkommen, bienvenue, welcome!!

jueves, 17 de noviembre de 2011

That´s dancing!

File:Ann Reinking by Jack Mitchell.jpg


Ann Reinking (raisin the roof)

Desde que Cyd Charisse colara el bombín de Gene Kelly en la punta de su zapato, nunca hubo piernas más infinitas en el mundo del showbiz. No sólo sus piernas, sus brazos, sus manos, su pelvis próxima al descoyunte... siempre hasta el límite. Cuando Annie se pone a bailar corta en dos el aire con su cuerpo, también tu respiración.
Esta esbelta amazona nacida en Seattle -de belleza altiva y ojos marinos-siempre quiso ser bailarina, y llegó a ser mucho más que eso. Su formación en ballet clásico es evidente en sus elegantes movimientos, de hecho hizo intentos de conducir su carrera hacia esta modalidad antes de que esa larguísima diagonal se cruzara en su camino. En Broadway empezó como "chorus girl" en distintas producciones sesenteras. Coco (el biopic sobre Chanel protagonizado por Katharine Hepburn) le dio la oportunidad de exhibir su estilazo como modelo de altísima costura. Su estructura ósea y su aire distinguido pedían a gritos una bajada por la famosa escalera de la Rue Cambon.
Pero fue en Pippin (una versión muy hippy de la historia de Carlomagno y su hijo Pipino, mira hasta dónde puede llegar el musical...) cuando se dio la confluencia de tres astros sin los que la historia del show business nunca habría sido la misma. Bob Fosse y Ven Vereen, director y protagonista del show, unieron sus vidas a la de esta chica del coro que muy pronto dejó de serlo. No sabemos exactamente cuando se enamoró el genio de su musa (su musa post Gwen Verdon), pero podemos aventurarnos a pensar que fue en el preciso instante en que la vio bailar. Se enredaron en una relación sentimental que dio mucho de sí. Dancin´ es muestra de ello, una "revue" musical montada a mayor gloria del tándem Fosse/Reinking. Corría el año 78 cuando se estrenó este catálogo vivo de coreografías del maestro. El mismo en que la joven bailarina de Seattle se convirtió en estrella.
Al año siguiente llegó el cine. Y no hubo una puerta más grande por la que entrar que el testamento apresurado que Fosse firmó -y filmó- con All That Jazz. Lejanamente inspirada en Fellini ocho y medio, esta obra maestra excesiva y decadente le dio la oportunidad de medirse como bailarina, cantante y también como excelente actriz. Roy Scheider era el "alter ego" del director, y ella hizo algo así como su propio personaje, la amante cansada de esperar a que el genio le regalara un poco de su tiempo entre ensayo y ensayo, entre cama y cama. A pesar de la grandiosidad -y de lo aparatoso- de esta película, cuando Annie aparece en pantalla no puedes quitar los ojos de ella. Es demasiado fuerte...y demasiado sexy.
Más papeles en teatro, sustituta de Gwen Verdon -además de en la alcoba- en Sweet Charity y en Chicago, en la que hizo una Roxie Hart de antología. Pero su pasión por la danza y el espectáculo le pedía más, y el reto siguiente fue convertirse en coreógrafa, estar delante y detrás de los focos al mismo tiempo.
Durante los años ochenta simultaneó la actuación con la dirección en distintos shows, hasta que ya en los 90 se enroló en su proyecto más ambicioso -y exitoso- que fue montar la coreografía del esperadísimo revival de Chicago. Una coreografía "al estilo de Bob Fosse",como figuraba en la publicidad, pero nueva, al igual que el concepto en general del musical, más sofisticado ahora y menos grotesco que en la producción original. Captar el swing de Fosse, esos movimientos sinuosos, provocativos, insinuantes... bailar con los párpados, con las cejas, con el meñique y expresar con partes del cuerpo que nadie soñó que pudiesen expresar algo. Eso es lo que logró Reinking, aparte del éxito del que nunca llegó a disfrutar el montaje inicial.
Y como no tenían una mejor Roxie a mano -Velma Kelly era para Bebe Neuwirth- el productor le pidió que la interpretara ella misma, eso sí, de un modo diferente a como lo hiciera veinte años antes. Y de todo el rosario de actrices que se han metido en los zapatos de la célebre asesina desde el año 95, nadie ha sabido captar mejor el punto canalla del personaje. Su físico aún impecable y su personalísima voz -voz de mil resacas, de vicio, de mucha y mala vida- habían sido diseñados para bordar este papel. The name on everybody´s lips is gonna be...Annie!
To raise the roof es una expresión que significa algo asi como llegar hasta el techo. ¿Con qué? con los brazos, las manos o todo el cuerpo. Así se llama un paso de baile que tal vez no inventó ella, pero que sí hizo famoso. Es la perfecta manifestación de la alegría, el júbilo o la excitación. Es como llegar a volar por los aires. Y eso es exactamente lo que sientes cuando la ves bailando en el escenario.  









jueves, 3 de noviembre de 2011

Qué fue primero?





When you´re an Addams

Si eres un Addams te gustará vivir en las tinieblas, preferirás las espinas a las rosas, las cucarachas al caviar, vivirás para morir, morirás por ver morir, te pincharás para ver tu sangre y querrás más, mucho más...
Si eres un Addams serás...diferente.
Se supone que estamos en noviembre ¿no? El mes de los muertos, y sí, hay musicales que tratan sobre los muertos, o sobre los espíritus. Por ejemplo The Dead, un extraña obra sobre la novela de James Joyce y la película de John Huston, o Road Show, sobre almas que vagan por el purgatorio muy bien acompañadas de la música de Sondheim. Jekyll and Hyde, The Witches of Eastwick, Sweeney Todd... No siempre un musical abre con un prado florido y una novicia dando vueltas cantando sin parar, no, a veces en el teatro se pasa miedo.
Pero también son muchas las obras que se ríen del miedo, o con él. Young Frankenstein sin ir más lejos, al que Mel Brooks pone a bailar claqué vestido con un enorme tuxedo y unas alzas monstruosas -nunca mejor dicho- Little Shop of Horrors, The Rocky Horror Picture Show etc. Pero la estrella indiscutible del Halloween en Nueva York continúa siendo Wicked, una fábula sobre brujas maléficas y magos de mentirijilla de la que ya nos ocupamos hace meses.
Quien crea que este musical viene de una idea original, o ha nacido hace muy poco o vive en una isla desierta, porque estamos hablando de un auténtico bucle de adaptaciones y readaptaciones de medios diferentes desde los años treinta hasta el 2009. Charles Addams inventó los personajes (¿inspirados en su propia familia?) para la tira cómica que salió publicada por primera vez en la revista The New Yorker en el año 1937. Picasso acababa de pintar el Guernica, y España estaba en plena guerra.
Más de veinte años después, y gracias a la popularidad que habían alcanzado sus sketches, se convirtió en una de las series más populares de los años sesenta. La Familia Addams llegó a España y pasó a formar parte de la memoria catódica de los que nacimos por aquellos entonces. Yo recuerdo ver a los mayores riéndose, mientras yo no sabía si ponerme a llorar. Pero la combinación de ironía, terror del clásico, comedia de la de toda la vida y las toneladas de ternura que, aunque parezca mentira, provocaban los personajes del clan, hizo de esta serie un éxito con no muchos precedentes.
En los años setenta fue una serie de dibujos animados de Hanna Barbera, y finalmente en 1993 se produjo la primera de una serie de tres películas de calidad y aceptación irregular. Anjelica Huston y el desaparecido Raúl Juliá eran la pareja protagonista, Morticia y Gómez, los Addams. Una pareja romántica a más no poder, un par de incomprendidos que no perdían el tiempo en pensar en el porqué de su incomprensión.  El famoso tango que se marcan lo dice todo sobre ellos. Podríamos discutir sobre la película, pero no sobre la química entre esta pareja de actores superlativos.
Y por fin recaló en Broadway, como suele suceder. Lo extraño es que no lo hiciera antes, por que la historia y las situaciones ponen en bandeja un montón de ocasiones idóneas para incluir numerazos musicales. Con partitura de Andrew Lippa (The Wild Party, You´re a good man Charlie Brown), esta adaptación ha estado llenando el Lunt-Fontanne Theatre -un viejo, enorme y algo siniestro teatro del viejo Broadway, por cierto- durante dos largos años, que no es poca cosa, considerando las carreras fugaces que tienen la mayoría de las nuevos proyectos. ¿Cuál ha sido el secreto de este éxito? La popularidad de una historia archiconocida, lo espectacular del montaje, las divertidas canciones y estupendas coreografias, sí, pero sobre todo ver a dos monstruos -y nunca mejor dicho una vez más- del escenario como son Nathan Lane y Bebe Neuwirth. Solo por ver a este Gómez y a esta Morticia -que de verdad parecen haber inspirado los personajes originales- merece la pena ver la función. Y los secundarios no se quedan atrás. Carolle Carmello y Terence Mann como los aterrados suegros de la adolescente Wednesday no tienen desperdicio.
Los Addams son lo que se llama una "familia disfuncional", una familia de locos e inadaptados, pero que se demuestran amor constantemente y plantan cara a la buena sociedad sin ningún tipo de complejos. Ese fue el secreto de su éxito desde que nació la saga.  En el fondo es una historia de tolerancia y comprensión, una defensa de la diferencia como valor absoluto y una declaración de derechos de la individualidad personal e intransferible. We are what we are, aunque seamos un poquito freakies...
Miento, el secreto de su éxito es que sigue haciéndonos reir en el siglo XXI igual que lo hacía en el XX. Y nos hace reirnos de lo más difícil, de la muerte.
Just around the corner...         






jueves, 27 de octubre de 2011

What´s about?



Santa Evita

Una santa, una mártir, una estrella, una bruja...una mujer.
A menudo los musicales nos ofrecen tramas inventadas o imaginadas, sacadas del argumento de una película de éxito o de la inspiración de un autor. Pero son muchas las veces en que la realidad pura y dura se cuela en las páginas de los libretos. La Historia, con mayúsculas y los que la hicieron.
Desde Jesucristo hasta Hítler, pasando por Juana de Arco, Mozart, el Che Guevara, Pipino el Breve o Carlomagno, todos han acabado pasando desde las páginas de gruesos libros y periódicos hasta las candilejas de un escenario. Y no solo los personajes, también los acontecimientos protagonizados por el ser humano. ¿Qué tienen en común Cabaret y Los Miserables? A primera vista parece que no mucho, pero ambas obras desarrollan intensas historias de personajes envueltos en la locura de su tiempo, supervivientes de unas circunstancias políticas y sociales que marcarán sus vidas para siempre. Bueno, también les une que las dos reventaron las taquillas en sus respectivos estrenos. ¿Por qué? Por la música, los espectaculares montajes... pero sobre todo por lo que cuentan. A veces la historia -y lo digo por experiencia propia- entra mucho mejor con un poco de música. 
Eva Duarte. ¿Quién le habría dicho a esa muchacha de barrio (Los Toldos, Buenos Aires) que se convertiría en la protagonista de uno de los musicales más vistos de la historia? Bueno, también le habría sorprendido saber que llegaría a primera dama de su país. Tal vez le chocaría menos lo primero, ya que más que política o mandataria, lo que siempre quiso Evita fue ser actriz. Triunfar en Hollywood. ¿Y quien no?
No vamos a contar aquí su llegada a la gran ciudad, su rápida escalada hasta el poder -recorriendo camas antes de entrar en los despachos- o cómo se convirtió en mito, en la "gran esperanza rubia" que necesitaba un pueblo estancado y sin ilusiones. Cómo manejó a los políticos y sedujo a los modistos y joyeros, como fue su fulgurante ascenso y su aparatosa caída. Se supone que los mártires deben morir jóvenes ¿no? figura en su contrato.
De lo que sí vamos a hablar es de como, allá por los años cincuenta, este personaje mediático dio título a la novela de Mary Main "Evita, the woman with the whip" (Evita, la mujer del látigo), que veinte años después inspiró a Tim Rice a escribir un libreto para un musical que comprondría su colega Andrew Lloyd Webber.
Los autores estaban a punto de meterse en la producción de una obra musical sobre Peter Pan, cuando oyeron un serial de radio que les encendió la mecha del interés por esta extraordinaria mujer. Este programa, junto con telefilm llamado "Queen of hearts" consiguió que se plantearan en serio en la idea de hacer una "ópera rock" -como ya habían hecho años antes con la historia sagrada en Jesus Christ Superstar- basada en diversas fuentes documentales, pero sobre todo en el mito que revolucionó a su país y al mundo. La "Superstar" nacida de la nada y su supersónico viaje a la posteridad.
A Rice y Webber estuvieron a punto de matarles los fanáticos peronistas, pero también recibieron duras críticas -y amenazas- de los detractores de esta amiga de los fascistas. Pero por encima de todo, la auténtica guerra la protagonizaron las actrices. Todas querían ser Evita, y bueno, muchas lo fueron (desde Elaine Paige hasta Nacha Guevara, pasando por Faye Dunaway y Madonna en el cine y Paloma San Basilio en la producción española), pero la que consiguió llevarse el gato, o mejor dicho, la fiera a casa, fue una actriz de temperamento y voz endemoniadas, una de las pocas que podía atreverse a mirar cara a cara a este personaje. Nos referimos a Patti LuPone. Una chica de veinticinco años que acababa de empezar en el mundo del espectáculo y fue asaltada por una obra que casi la vuelve literalmente loca, que cambió su vida y la convirtió en estrella, en diva. En sus memorias cuenta que aún no sabe cómo sobrevivió a este show, a sus canciones -en una tesitura imposible que casi la deja muda- y al revuelo que produjo, para el que aún no estaba preparada. Pero la función se convirtió en un éxito apabulante y los autores y los actores (también Mandy Patinkin haciendo de un imposible Che narrador de la historia) ganaron todos los Tonys del año 1980 y el tema Don´t cry for me Argentina se convirtió en la canción más popular de la historia del teatro musical. Y no es de extrañar, Evita estaba detrás de todo este éxito y jamás habría permitido que la historia de su vida hubiera pasado inadvertida. Amada y odiada, admirada y denostada -profanada y canonizada - su memoria quedó para siempre escrita con letra y música. 














jueves, 20 de octubre de 2011

Hits/Flops




Look to the rainbow

Una de las películas menos conocidas de Francis Ford Coppola, de hecho su primera película, se basa en este musical estrenado en 1947 con gran éxito. Aquí se llamó "El Valle del Arcoiris" y Fred Astaire, Petula Clark y Tommy Steele eran los protagonistas. Recuerdo que la vi siendo aún muy pequeño, y aunque no entendí del todo el argumento, me fascinó hasta el punto de soñar con vivir en un lugar lleno de magia y aventuras, un  mítico lugar donde los duendes se enamoraban de los mortales y los tesoros aparecían escondidos en bosques fantásticos. How are the things in Glocca Morra?
Cuando se levantó el telón por primera vez, hace más de sesenta años, el público tampoco entendió demasiado bien de qué iba la obra (leyendas irlandesas en los bosques de la américa profunda, hadas y sherifs bailando a ritmo de danzas folclóricas y jazz...), sin embargo sus increíbles melodías llegaron a hacerse tan populares que muy pronto alcanzaron los primeros puestos en los rankings de los discos más vendidos. Frank Sinatra fue una vez más el responsable del éxito de un musical estando a muchos kilómetros del teatro donde se representaba. Look to the rainbow, Old devil moon, Necessity... Una vez más la música logró salvar una historia que necesitaba desesperadamente de su ayuda.
Aunque la historia en sí es tan original  como divertida y romántica. A ver si la puedo explicar. Finian, un irlandés de mediana edad, huye con su hija desde su tierra natal hacia los Estados Unidos, a un pueblo llamado Rainbow Valley, en el mítico estado de Missitucky (nombre que resulta de la mezcla de Mississippi y Kentucky) con la intención de enterrar una olla de oro en un oculto y sombrío bosque. Según la leyenda, en ese remoto lugar el oro se multiplicará y crecerá haciéndole rico a él y a los habitantes de la pobre aldea axfisiada por las deudas. Sin ellos saberlo, desde que comenzó su periplo les persigue un duende llamado Og -un "leprechaun" de la mitología irlandesa- que tendrá que recuperar la mágica olla para así evitar volverse humano para siempre. La trama se complica con la presencia de un senador corrupto y clasista con intereses especulativos en el pueblo. La pobreza y la ambición, la avaricia, el racismo y finalmente, claro, el amor, nos llevarán a un apoteósico "happy ending" en el que el duende se dará cuenta -gracias a una hermosa bailarina- de que no se está tan mal siendo humano, y el pícaro Finian pondrá rumbo a nuevas aventuras dejando atrás a su hija, que se quedará en la aldea feliz junto al hombre que ama. Uno de esos finales perfectos, felices pero melancólicos al mismo tiempo.
Y entonces ¿por qué no funcionó en la última -y espléndida- reposición que se hizo en el año 2009? ¿Por qué fuimos tantos los que nos quedamos con las ganas de disfrutar de las maravillosas canciones de Burton Lane y las voces de Kate Baldwin y Chellenne Jackson?  Ya sabemos que no existe la fórmula infalible que asegure el éxito de un proyecto, y menos en los tiempos que corren, en los que ni el "word of mouth" fue capaz de salvar una función que prometía prolongarse durante años y tuvo que cerrar a escasos meses de su estreno.  A pesar de haber sido eliminada precipitadamente de la cartelera, esta colorista y espléndida producción fue nominada a un Tony al mejor revival así como a la mejor actriz de musical (Kate Baldwin, en el papel de Sharon, la hija de Finian).
Unas semanas después de cancelar la función, en el St. James Theatre comenzó la carrera de una obra diametralmente distinta, American Idiot (irónico ¿no?), un musical punk-rock del grupo Green Day que ha estado en cartel hasta hace pocos meses. Los tiempos cambian aunque los nostálgicos del musical clásico nos neguemos a aceptarlo...
¿Tendremos la oportunidad de disfrutar alguna otra vez de esta obra? ¿Quién sabe? En cualquier caso ahí está la preciosa película de Coppola para soñar con un mundo de hadas y mortales, de fantasía y realidad que se encuentra escondido en lo más profundo de nuestra imaginación, en ese bosque encantado que hay al fondo a la derecha, más allá del arcoiris.







 


jueves, 13 de octubre de 2011

TKTS



Otoño en Nueva York

De acuerdo, y en Madrid, y en Londres... Llega el otoño y comienza la estación -prometo no mencionar las hojas secas- de los estrenos a lo grande. Y este año parece que viene lluvioso. No sabremos donde acudir.
En Londres comienza a refrescar mientras en Leicester Sq. la cartelería se renueva un año más. Aún puedes comprar entradas -a mal precio- para ver Wicked, Billy Elliot, Priscilla o Chicago. Y también sigue en cartel (¿quién lo habría dicho años atrás?) el último delirio de Sir Andrew Lloyd Webber, la segunda parte de Phantom of the Opera titulada Love Never Dies. Por extraño que parezca, y por lo poco que conozco de esta obra, tiene toda la pinta de sorprender incluso más que la primera parte. Desde luego la música y los cantantes están a la altura de su precedente (adjunto documento gráfico). En el Novello Theatre, en pleno corazón del West End, están comenzando las previas del revival de un musical que para el que escribe significó mucho en su día, Crazy for you. Se trata de un refrito (de lujo, eso sí) de los más populares temas de George/Ira Gershwin hilados con un argumento basado en la obra que lanzó a la mismísima Ethel Merman, Girl Crazy. Cuando allá por el 93 tuve la suerte de verlo en el Shubert Theatre de NY, puedo afirmar sin exageraciones, que cambió mi vida. Literalmente. Who could ask for anything more?

El Rey León es el estreno fuerte de la temporada madrileña. Hacía años que estaban negociando la franquicia española de este "smash" de Disney y por fin -y tras un proceso de selección de actores interminable- está a punto de estrenarse en el Lope de Vega. Promete espectáculo. El concepto escénico de Julie Taymor -el original de Broadway adaptado a este teatro algo más pequeño- va a dejar a muchos con la boca abierta. Si además te gusta la historia y la música de Elton John, corre a por las entradas.
No creo que tengas que correr tanto para conseguir las de Shrek, el musical, otro montaje de Broadway que aterriza en Madrid. ¿Por qué? no sé, pero ¿a quién se le ocurre importar precisamente uno de los fracasos más sonados de las últimas temporadas de Nueva York? Si tenemos paciencia igual nos traen en unos años a Spiderman...  También viene la versión española de Hair, estrenada hace un año en Barcelona en medio de una absurda polémica por la ley antitabaco. Hoy escandaliza ver actores fumando en Hair. En los años setenta escandalizaba verlos en pelotas. Da que pensar ¿no? Hablando de tabaco, el musical sobre Sabina es otra de las novedades de la capital ¿habrá que verlo?

Pero vamos a lo que de verdad importa. ¡Como viene la temporada neoyorkina my god! ¿crisis? ¿what crisis?
A Follies, que se estrenó este verano, le siguen On a Clear Day You Can See Forever con Harry Connick Jr. de protagonista (papel que hizo Yves Montand en la película con Barbra Streisand) en su primer revival desde que se estrenara hace más de cuarenta años. Audra McDonald regresa a Broadway con una nueva producción del mítico Porgy and Bess de los Gershwin. Godspell se actualiza con la ayuda de Hunter Parrish (Spring Awakening), Ana Maria Pérez de Tagle (Hanna Montana) y Telly Leung (Glee). Bonnie and Clyde 
se convierte en musical con paritura de Frank Wildhorn (Jekyll and Hyde, Wonderland) y parece tener muy buena pinta.
Pero los platos fuertes de la temporada estarán servidos por auténticas estrellas de Broadway -y de Hollywood- como Patti LuPone y Mandy Patinkin que montan juntos un recital con temas de Sondheim, Richard Rogers o Tom Jobim durante un par de meses. También con una duración limitada se anuncia el regreso al musical de Hugh Jackman en un esperadísimo "one man show" titulado "Back to Broadway". Si consigues no perder el conocimiento en medio del patio de butacas del Broadhurst Theatre -y creo que sé por quien lo digo- el evento promete ser un regalo en todos los sentidos.
En fin, no lo pienses más. Vende las alhajas que te queden, empeña la plata, aprende a tocar el acordeón, mete mucho en la lotería... pero por nada del mundo te vayas a perder este otoño en Nueva York. Bueno, o en Londres o en Madrid si no hay más remedio...













jueves, 6 de octubre de 2011

Play it again



A house is not a home

Una silla seguirá siendo una silla aunque no haya nadie sentado en ella. Pero una silla no es una casa, ni una casa es un hogar hasta que no hay alguien esperando para abrazarte y darte un beso de buenas noches.
Estas palabras - que desde luego suenan mucho mejor en su lengua original- no pertenecen al autor del blog, sino a una canción escrita allá por los sesenta y tantos por dos genios de la música popular americana, Burt Bacharach y Hal David. Música y letra. Desde el aceite y el vinagre -o la ginebra y la tónica- el ser humano jamás inventó una mejor conbinación.
Las canciones de Bacharach tienen la capacidad de llevarte de la mano a los lugares a los que con frecuencia nos resistimos a entrar, los de los sentimientos, la ternura, las emociones, la sensibilidad y el romanticismo con mayúsculas. Llámalo sensiblería ¿qué más da? Por mucho que hayan criticado estos temas y los hayan tachado de fáciles o comerciales, el tiempo sigue conservándolos frescos y jóvenes mientras los que los criticaban ya hace años que pasaron de largo. ¿O no?
Esta pequeña e inocente canción, que como muchas otras habla del amor en una de sus múltiples variantes, fue grabada por primera vez por Dionne Warwick en 1964, y aunque no fue precisamente un éxito al instante, se ha llegado a convertir en uno de los temas más versionados de sus autores, un "standard" imprescindible para los mejores vocalistas del mundo.
El año pasado fue incorporada a la partitura del revival de un musical llamado Promises, Promises que no es sino la versión de Broadway de la mítica película de Billy Wilder El Apartamento. En el repertorio original de esta obra figuraban temas tan célebres como I´ll never fall in love again o Whoever you are, auténticas joyas perfectamente hiladas con el argumento dramático de la trama, pero tal vez para asegurar el éxito del nuevo montaje -como si no hubieran bastado las presencias de Kristin Chenoweth y Sean Hayes- añadieron dos indiscutibles hits de sus autores como I say a little pray for you y el tema que hoy nos ocupa.
Y la verdad es que las dos nuevas incorporaciones empastan perfectamente en la acción. Cuando la protagonista, Fran Kubelik (interpretada por Shirley McLaine en la película) se queda sola en el despacho de su jefe/amante y se plantea regresar a casa tras una alocada fiesta de navidad, se da cuenta de que nadie la está esperando allí, que lo que va a encontrar es un apartamento vacío y solitario. ¿Se te ocurre mejor pretexto -nunca mejor dicho- para insertar un tema que describa ese estado de indefensión y abandono?
Con esta preciosa balada inauguramos una nueva sección para la segunda temporada de Stage door. Una sección en la que las canciones -principio y fin del teatro musical- tendrán el protagonismo que merecen. Canciones que nacieron para contar historias entre cajas y que en muchos casos consiguieron una vida propia, lejos de las bambalinas y los decorados de cartón piedra.
Y hoy traemos, además de la cantante que lo interpretó el el teatro, a la "diosa blanca" y la "diosa negra" de la música popular del último siglo. Barbra Streisand y Ella Fitgerald son, entre otros muchos, dos de las cantantes que hicieron suya esta canción, que no será una canción de verdad hasta no ser escuchada por alguien como tú. Igual que este blog no es un blog hasta que lo abres y lo miras. 






jueves, 29 de septiembre de 2011

Another opening, another show! (una historia de Broadway, 4)



Broadway,1929 (tap your troubles away!)

Jueves negro. El desplome de la bolsa de valores en Wall St. comienza a provocar el temido efecto dominó. La desmesura, el despilfarro, la avaricia y el descontrol por parte de la administración -¿nos suena?- traerán como consecuencia la llamada Gran Depresión. Todo parece derrumbarse alrededor, el sistema capitalista en tela de juicio, para muchos un "juicio final", especialmente para los que decidieron saltar por la ventana del rascacielos más cercano. El mismísimo Florenz Ziegfeld, sin ir más lejos, estuvo a punto de ser uno de ellos cuando días antes de poner en marcha su último espectáculo comprobó que acababa de perder más de tres millones de dólares invertidos en bolsa. El abominable cartel de "cancelled" empezó a decorar las fachadas de los teatros mientras las calles se llenaban de mendigos que suplicaban ayuda. Brother, can you spare a dime?  
Sin embargo el público seguía demandando diversión en un tiempo en el que la "ley seca" se respetó menos que nunca y la ciudad se llenó de "speakeasies" o locales clandestinos en los que se consumían litros de alcohol mientras se bailaba a ritmo de rag o charleston. Ahora más que nunca la gente necesitaba escapar, olvidarse de sus dramas aunque solo fuera durante un par de horas. En un tiempo en el que las chicas habían acortado sus faldas y su pelo, parece que lo único que se alargaban eran las colas de racionamiento.
Los Gershwin, Richard Rogers, Cole Porter, Marilyn Miller, Fred Astaire o el propio Ziegfeld emigraban a la costa este buscando el amparo de los grandes estudios en constante demanda de talentos. Eran los años dorados de Hollywood, en los que la irrupción del cine sonoro elevó al máximo la popularidad de las películas musicales. La fórmula que tantas veces se repitió fue la de adaptar argumentos de Broadway al cine, con montajes y coreografías de vértigo -las famosas composiciones de Busby Berkeley con sus increíbles efectos de caleidoscopio- que ahora más que nunca ayudarían al público en su conpulsivo deseo de soñar. Los actores y actrices de Broadway también volaron a la otra punta del país ante la necesidad de personal capaz de actuar, cantar y "hablar", además de dar bien ante la cámara. 
Al mismo tiempo, en un viejo teatro de Nueva York se estrenaba un peculiar musical, una "revue" con un carácter completamente distinto al resto de las típicas funciones más frívolas y desenfadadas. "Americana" era el título de una obra que tuvo que mudarse de teatro en más de una ocasión perseguida por la censura política que la acusaba de "subversiva y bolchevique". Se puede decir que "Americana" fue uno de los primeros musicales "de compromiso", con números que hacían burla del capitalismo y los políticos y denunciaban la injusticia social. De él se extrae una canción que para muchos puede ser la definición perfecta del  fracaso del sueño americano, el "himno" de la Depresión, Hermano, me puedes dar diez centavos? Paradójicamente este tema se convirtió en un gran éxito en la voz de Bing Crosby.
Ahí reside la grandeza de Broadway, en la capacidad de hacer coincidir en los carteles obras que representan una versión absolutamente frívola de la vida, con otras de pretensiones más serias y concienciadas, que se negaban a fingir no ver lo que estaba sucediendo a su alrededor. El mismo George Gershwin triunfaba con piezas tan ligeras como Fascinating Rhythm o Girl Crazy, mientras en sus ratos libres se sumergía en la creación de su obra magna, algo mucho más serio y ambicioso, una ópera llamada Porgy and Bess que aunque al principio no fue demasiado bien entendida, poco a poco se situó en el cenit de la música popular norteamericana, y al mismo tiempo de la música clásica internacional.  
Summertime and the livin´ is easy... Irónico ¿no? Un tiempo de verano en medio del más crudo invierno que azotaba el país en el que los sueños se hacen realidad.