The Tony Award 2012
Un tipo de treintaitantos tocando la guitarra en una esquina cualquiera de Dublin, una chica que se acerca, un romance, una canción que les une y que se convierte en un éxito. Eso es Once, la película de John Carney que sorprendió en 2007 y que acaban de convertir en una obra musical. No eran muchos los que habrían apostado por esta historia intimista, sin grandes números, sin montaje espectacular, solo música y sentimiento. Y sin embargo ahí lo tenemos, con una cosecha de ocho premios Tony. Sin embargo otras producciones muchos más ambiciosas (Ghost, Spider Man, Leap of Faith...) se volvieron a sus teatros con las manos vacías. That´s Broadway!
De los premios acaparados por Once -mejor dirección, libreto, diseño escénico, orquestación, dirección musical etc.- el más celebrado fue el de su actor protagonista, Steve Kazee. Y por lo poco que he podido ver de su actuación parece merecérselo sin lugar a dudas. Donde sí tuve la suerte de disfrutar de su talento fue en 110 in the Shade, junto a la también premiada Audra McDonald -caprichos del destino- haciendo un Starbuck de leyenda. Su forma de actuar, de cantar, de moverse en el escenario -dejando aparte su fachón de galanazo clásico- y su enorme versatilidad (igual te borda un vaquero granuja que un romántico cantautor callejero) le auguran a este treintañero de Kentucky una larga y jugosa carrera.
Atrás quedaron los otros shows nominados, en un año no demasiado prolífico en grandes montajes nuevos y sí pleno en buenos revivals (como casi siempre). Leap of faith -con el magnánimo Raul Esparza a la cabeza- se fue como llegó. Esta interesante obra basada en una película de los noventa (que aquí se llamó El Charlatán, con Steve Martin y Debra Winger), desbordante de ritmo y energía, ha sufrido la misma indiferencia de su original. Lo siento por su protagonista, porque ya le iba haciendo falta un éxito contundente, el que se merece uno de los mejores actores que ha dado Broadway.
Nice work if you can get it, por el contrario, se ha llevado dos premios gordos, los secundarios Michael McGrath y la legendaria Judy Kaye. Esta revisión "gershwiniana" está remontando su tibio estreno gracias al trabajo de sus actores y sus espléndidos números musicales. La deliciosa Kelli O´Hara no ganó el de mejor actriz pero que eso se remedie es una simple cuestión de tiempo. Y por esta vez su coreógrafa, Kathleen Marshall no se llevó la estatuilla, siendo para Christopher Gatelli por Newsies.
Newsies era el cuarto en competir al mejor musical de 2012. Esta energética versión de la película de Disney -sobre un grupo de chavales repartidores de prensa en el Nueva York de principios de siglo- está pegando mucho más fuerte de lo que sus productores parecían esperar. De hecho se ha prorrogado sin límite aunque fue estrenada para un "limited engagement". Quien la ha visto cuenta maravillas de esta producción con libreto de Harvey Fierstein y canciones de Alan Menken, premiado con el Tony a la mejor partitura.
Entre los revivals de este año había bastante competencia. Varias producciones de lujo en tiempos de estrecheces. Tal vez por eso el dinero va destinado a las obras conocidas, que implican un menor riesgo. Follies, Evita, Jesus Christ Superstar y la ganadora, The Gershwins´ Porgy and Bess son cuatro funciones potentes y sólidas, con excelentes críticas y todas manteniéndose en cartel. Que no se lo hayan dado a Follies me parece una injusticia de proporciones neoyorkinas, a pesar de que Porgy and Bess ha logrado dar una nueva y refrescante visión del clásico de su autor. Pero la grandiosa revisión del musical de Sondheim iba a enorme distancia de sus contrincantes, al menos así lo ve el que escribe.
Sobre los galardonados en la categoría de actores principales no tengo queja alguna, al menos a lo que a actriz se refiere. Audra McDonald ha conseguido su quinto premio (y el primero como protagonista, que ya era hora) por una Bess diferente, de carne y hueso, con menos "bellcantismo" y mucha más sangre. Que se te pongan los vellos de punta en cuanto la ves aparecer y no le puedas quitar ojo en las dos horas y media del show... justifica su estatuilla. Entre sus oponentes estaba Jan Maxwell, otra de mis favoritas, por la
impresionante Phillys de Follies. Tal vez el tratarse de una obra coral no la ha beneficiado mucho.
Y entre los chicos, este año ha habido sorpresa. Steve Kazee ha revolcado a los consagrados Danny Burnstein y Ron Raines (Follies) y a un Norm -Porgy- Lewis que se presentaba como favorito de la temporada. Yo mismo le vaticiné el premio en la puerta del Stage Door a este genial y simpático actor. Y él se me quedó mirando sorprendido, como si ni siquiera se lo hubiera planteado. En fin, si no ha sido esta vez será la próxima, sin duda.
Ausencias notables: Godspell como mejor revival, Bernadette Peters y Elaine Paige por Follies, Harry Connick por On a clear day (sí estaba su compañera, la maravillosa Jessie Mueller), Elena Roger y Ricky Martin como Evita y Che (solo Michael Cerveris como secundario por Juan Perón), Paul Nolan como el mismísimo Jesucristo y Matthew Broderick por Nice work if you can get it. La American Theatre Guild tendrá sus razones, digo yo.
Pero para los que tuvieron el privilegio de asistir a la gala -o la suerte de poderla ver por la tele en directo- el verdadero ganador fue, una vez más, su anfitrión, Neil Patrick Harris. Las tablas que derrocha este actor con eterna pinta de niño travieso solo lo pueden comparar con el encanto y la maestría de su antecesor, el inconmensurable Hugh Jackman. ¿Cuándo volverá a presentar el show? De momento este año nos conformamos con haberlo visto recoger un premio honorífico de manos de su adorada esposa. Ya solo por instantes como ese merece la pena tragarse enterita la ceremonia de premios con más arte y glamour de todas cuantas existan (sí, una vez más, tía Antoinette gana a tío Oscar por goleada).
Y es todo por el momento, que disfrutéis de las interpretaciones de lujo de este show sin parangón, que nos recuerdan una vez más eso de que "there´s no business like show business!"
