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jueves, 26 de junio de 2014

What´s about?



Vietnam, 1975 (The heat is on in Saigon)

Hacer arte de la destrucción, del dolor, de la muerte. Sacar belleza de la injusticia, el terror y la sinrazón... no es nuevo. Ya lo hicieron Goya y Picasso. Ya lo hizo Lubitsch riéndose de los nazis en To be or not to be, o David Lean emocionándonos con la Primera Guerra Mundial en Lawrence of Arabia o la Segunda en The Bridge on the River Kwai... También Wagner, Verdi, Puccini... ¿No trata el aria más hermosa de la historia sobre una geisha enamorada hasta las trancas de su invasor?
Madama Butterfly fue inspirada por un relato de John Luther Long sobre un amor imposible en tierras lejanas y exóticas, muy de la ópera de principios del siglo XX. Oriente y occidente en conflicto, intereses políticos y comerciales enfrentados... y los sentimientos cruzando por medio y sin mirar.
Una adolescente japonesa vendida por unos cuantos yenes a un oficial americano, un apresurado matrimonio de conveniencia, un hijo que nace de una relación a punto de morir, una mujer abandonada esperando sola frente al puerto, una nueva vida -y una nueva esposa americana- que hacen aún más difícil el reencuentro de los amantes. El hijo entregado a su padre, y un suicidio justo antes de la caída del telón final.
Para tratarse de una ópera en tres actos no está mal, y más si a esta tragedia mayúscula le pone música Giacomo Puccini.
La Guerra de Vietnam nada tiene que ver con la ocupación de los puertos japoneses por la armada norteamericana a finales del XIX, aunque si lo pensamos bien, de aquellos lodos estos barros... Pero no, el país, el contexto y el conflicto en sí son bien distintos, aunque en el musical Miss Saigon se vuelvan a entrecruzar el lejano oriente y el poderoso occidente en forma de amantes dispuestos a sufrir y hacernos sufrir mucho a todos.
El compositor francés Claude-Michel Schönberg -ya célebre tras el éxito arrollador de su primer gran show de proyección mundial Les Miserables- no encontró la inspiración de esta obra en la ópera de Puccini, o no únicamente en ella. Al parecer estaba hojeando una revista a mediados de los ochenta cuando de repente no pudo pasar a la página siguiente. La foto de una madre vietnamita entregando a su hijo a unos soldados americanos en la base de Tan Son Nuht conmovió al músico como conmovería a cualquiera. El sumun del sacrificio humano, desprenderse de un hijo de forma voluntaria con la esperanza de que tenga una vida mejor, para que pueda alcanzar el tan traído y llevado American Dream. Y así se encendió la chispa de un proyecto que se iría complicando hasta convertirse en uno de los más grandes musicales de las últimas décadas.
Con la colaboración del letrista Alain Boublil, con quien también coescribió Les Miserables, se pusieron manos a la obra ahora sí actualizando la trama de la celebérrima ópera italiana. Hacer una revisión de Madama Butterfly deconstruída y rediseñada pero que conservara el mismo dramatismo y la misma idea de partida, el amor condenado al fracaso por culpa de la guerra, de la ambición, de los intereses... Una geisha o una chica de barra americana, un teniente de marina o un sargento a punto de abandonar Vietnam, un casamentero reputado o un proxeneta ambicioso y sin escrúpulos... los personajes de la ópera son padres -o abuelos- de los del musical, pero con muchas variantes que lo acercan un poco más a un público contemporáneo y contribuyen a hacer un homenaje musical único a las víctimas de una de las guerras más absurdas de todas las guerras absurdas provocadas por la humanidad.
En la etapa final de la ocupación americana de la actual Ho Chi Minh -antes Saigon- una pandilla de solados se emborracha en un cabaret de la capital en el que cada noche se elige una miss, como en América, pero en este caso en venta al mejor postor. Una chica nueva se estrena en el mercado de la carne, inexperta y asustada llama la atención de un joven sargento que se queda prendado de ella. Chris y Kim, la luna y el sol unidos por los dioses de la fortuna, como literalmente dice la balada.
Pero todo se está derrumbando a su alrededor, la ciudad se vuelve frenética ante el inminente abandono del ejército americano, se van los soldados, se acaba la guerra...pero también se acaba el negocio de esta Babilonia contemporánea, y la esperanza del tercer mundo de acercarse un poco más al primero.
Con un argumento cargado de giros inesperados (o esperados para quien conozca la ópera original), de episodios trágicos, cómicos, grotescos, románticos y excitantes a más no poder -como la famosa escena de la caída de Saigón y la evacuación de los militares, con helicóptero incluido- y un score como el creado por el tándem Schönberg/Boublil repleto de temas inolvidables (Sun and Moon, Last night of the world, I still believe, The american dream...) estaba claro que el producto daría mucho que hablar.
El 20 de septiembre de 1989 fue el estreno mundial en el Theatre Royal, Drury Lane, un legendario teatro en el corazón de Covent Garden ocupado por este show casi tanto tiempo como los americanos lo hicieron con Vietnam, superando a la obra que más tiempo había permanecido en dicho local, My fair lady. 4.264 funciones en diez años representándose simultáneamente en Broadway desde 1991 hasta 2001. Todo un record en su tiempo, a la altura del otro gran éxito de los autores de Les Miserables.   
La avalancha de Oliviers y Tonys recibidos -destacando los de sus protagonistas Lea Salonga y Jonathan Pryce- avalaron esta pieza clave del teatro musical contemporáneo que muchos han querido convertir en película pero aún sin éxito. 
Múltiples producciones en Australia, Canadá, Japón, Filipinas, Alemania, Holanda o Austria hacen de este show un hito indiscutible que ahora vuelve a su cuidad de origen, Londres. Esta vez en el Prince Edward Theatre -ya que el Royal se encuentra tomado por Charlie y su chocolatería- Cameron Mackintosh emprende una fastuosa producción de esta mítica pieza estrenada con atronador éxito el pasado mes de mayo. Nuevos decorados, nuevo diseño escénico, orquestaciones -tenemos a nuestro paisano Alfonso Casado en la dirección musical del show- y un nuevo reparto del que se están contando maravillas, aunque ponerse a la altura de Salonga y sobre todo de un Jonathan Pryce que no ha estado nunca tan inspirado como con este personaje, no debe resultar nada fácil.
Pero nosotros sí lo tenemos fácil, a la vuelta de la esquina como quien dice. Romance en tiempos de guerra, sexo, violencia, abandono, reencuentro, amor y muerte en una ciudad maldita adornada con luces de colores como el burdel en que llegó a convertirse.
No tenemos excusa para no dejarnos caer una vez más por la gran ciudad -aunque de momento aconsejamos esperar a que quede algún asiento libre- y rendirnos ante esta obra maestra única y original, y reconocer de nuevo que "the heat" continúa estando en el centro de Londres, a un paso, ya digo.        

    
                  
 
 

 
 



jueves, 12 de junio de 2014

TKTS



All about TONY´S

Érase un país en el que nunca dejaban de premiar gente... Escritores, científicos, políticos, deportistas, empresarios, cantantes, actores de televisión, de cine, de teatro... Todo el día pon alfombra, quita alfombra, ponte el vestido, el esmoquin, recoge las joyas prestadas, devuélvelas... Y sobre todo no dejes de sonreír a cámara, especialmente cuando te enfocan justo después de haberle dado el premio a otro, o a otra. Con tanta sonrisa esta gente no debe ganar para fundas y blanqueamientos dentales. Ni para psicólogos, claro. ¿Alguien se ha entretenido en calcular la cantidad de perdedores que fabrica esta sociedad al cabo del año?
Pero de toda esa ristra de premios anuales -y con permiso de mi querido tío Oscar- ya sabéis que hay uno que me tiene especialmente concernido, uno con nombre de restaurante italiano o de macarra de película. Uno con nombre de tío pero que en realidad pertenece a una mujer, a una actriz de las de antes, de las clásicas: Mrs. Antoinette Perry, para los amigos Tony.
Desde mi modesto punto de vista de aficionado, lo mejor de la terna de este año -en la que creo se ha cometido más de una injusticia, como es habitual- ha sido el mantenedor de la gala. Una vez más nuestro admirado y santo patrón de este humildísimo blog, Mr. Hugh Jackman, ha vuelto a hacer gala -y perdón por la redundancia- de su profesionalidad, de su estilazo de caballero de los que no quedan desde que se nos fue Cary Grant, de su buen hacer, de su vozarrón, de su forma de moverse entre bambalinas, de su energía y simpatía inagotables, de su carisma de enterteiner de los que ya casi no quedan.  ¿Conoces a alguien más al que se le quede pequeño el escenario del Radio City Music Hall?
El pasado domingo el inmenso local de la 5ª Avenida volvió a celebrar la Fiesta del Teatro, así, con muchas mayúsculas. Y del dinero, y de la publicidad, y del negocio, ya lo sé, pero me temo que eso fue así desde siempre, There´s no busines like show busines...
Y este año la cosa resultó más o menos así: dejando a un lado las obras de texto (sin música las pobres), que es mucho dejar porque hay verdaderas maravillas tanto en nuevas como en revivals, comentaremos un poco sobre los principales premios del teatro musical, que es de lo que va este forillo.
El mejor nuevo musical del año pudo haber sido After Midnight, un show que desempolva -si es que alguna vez llegó a tener polvo- la maravillosa música de Duke Ellington, Harold Arlen o Cab Calloway en los nightclubs del Harlem de los años dorados. Imagínate un espectáculo con semejantes canciones, coreografías al estilo del mítico Cotton Club y una orquesta liderada por el trompetista Wynton Marsalis. Se puede decir que esta ha sido una de las sorpresas de la cartelera de este año, pero no ganó.
Otro que pudo haber conseguido los honores fue el último producto-con-intención-de-convertirse-en-franquicia-Dysney Aladdin. Si conocéis Beauty and the Beast, The Lion King, The Little Mermaid o Mary Poppins os podéis hacer una idea de lo que va el asunto, así que no hace falta explicar mucho. Una buena partitura (ampliando la original de Menken y cía), unos decorados espectaculares, buenos cantantes y bailarines, coreografía, vestuario etc etc... y ya puedes cerrar la olla. Pero ya sabemos que no siempre funciona la receta, y esta vez la inversión es bestial, como es costumbre de la casa. Le habría venido muy bien el premio, pero no se lo llevó.
La vida de una de las mejores cantautoras del país de los mejores cantautores, Carole King, ha inspirado un musical llamado Beautiful, como una de sus canciones más preciosas. Y a pesar de contar con la bendición de la titular, a pesar de ofrecer un puñado de temas inolvidables interpretados por la excelente Jessie Mueller además de contar una emocionante historia sobre los difíciles comienzos de la artista, tampoco pudo llevarse el gato al agua.
Porque este año el Tony al mejor musical ha sido para una pieza muy british titulada
A Gentleman´s Guide to Love & Murder, basada en la película de Robert Hamer Kind Hearts and Coronets (Ocho sentencias de muerte). No ha sido ninguna sorpresa, ya que tanto la crítica como el público han abrazado este musical desde su estreno, por su comicidad, su elegancia, su excelente partitura (Steven Lutvak) y por no parecerse a ninguno de los que están en cartel, cosa que se agradece mucho.
La categoría de mejor revival, a mi parecer algo escuálida esta temporada, ha puesto a competir a tres y no cuatro obras. Y todo por no querer nominar a la nueva -ya nada nueva- reentré del Cabaret del Studio 54. ¡Un respeto por favor! Vale que podrían haber afrontado un nuevo montaje, vale que este material está demasiado reciente en la cartelera, vale que la gracia que Alan Cumming derrochaba en el original se ha convertido en simple mal gusto... todo lo que quieras y más, pero estamos hablando de Cabaret, estamos hablando de Kander y Ebb... ¡un respeto por favor!
Entre la amarga historia de una chica errante con multitud de problemas y complejos llamada Violet (con una Sutton Foster sublime como siempre), la revisión de un monumento como Les Miserables -¿han vuelto? ¿pero se habían ido?- y el irreverente "glam rock trans" Hedwig and the Angry Inch, fue este último el que logró los honores. El tirón de un Neil Patrick Harris en estado de gracia -ganador del Tony al mejor actor de musical- ha debido ser crucial para el éxito de este arriesgado show.
Y hablando de actores, ya hemos dicho para quien fue el reconocimiento como mejor actor, precisamente el presentador de las anteriores galas. Nada como travestirte y chillar mucho para birlarle el premio a candidatos tan solventes como el nuevo Valjean -Ramin Karimloo-, el boxeador de barrio Andy Karl por Rocky o a Jefferson Mays y Bryce Pynkham por A Gentleman´s Guide...
Una de las sorpresas de la noche fue el Tony a la mejor actriz para Jessie Mueller (Beautiful) por hacer creíble a Carlole King sin parecerse en nada a ella. Recuerdo que cuando vi a esta chica en On a a Clear Day... supe que algún día subiría las escalerillas del Radio City. Y no suelo equivocarme... Arrebatarle premios a Kelly O´Hara (The Bridges of Madison County), Idina Menzel (If/Then) o a la mismísima Sutton Foster (Violet) tiene mucho más valor que el galardón en sí.
James Monroe Iglehart se llevó el de mejor actor de reparto por el genio de la lámpara de Aladdin, mientras Lena Hall consiguió el de mejor actriz en la misma categoría por Hedwig.
Lo que me agrió la noche, el desprecio a una joyita que espero que permanezca años en cartel (hasta que me de tiempo de ahorrar para ir a verla), Bullets over Broadway así como a sus actores, a excepción de Nick Cordero nominado a secundario por el papel que hacía Chazz Palminteri en la película. En especial me parece sangrante ignorar a Marin Mazzie haciendo de la diva borrachuza -que le dio el oscar a Dianne Wiest en el original- y que con solo oírla en el CD llega a escandalizar que su nombre no figure entre las candidatas.
Pero lo que más me la endulzó fue ver subir a mi idolatrada Audra McDonald a recoger su sexto trofeo, entre lágrimas incontroladas y con el Radio City en pie sin prisa ninguna por volver a calentar asiento. Lady Day at Emerson´s Bar & Grill es la pieza que le ha dado el record en estos premios, ningún actor o actriz jamás logró algo parecido. ¡Seis Tonys con cuarenta y pocos años! Y además en distintas categorías, porque esta vez se lo dan por una obra de texto, aunque también canta, y nada menos que por la lloradísima Billie Holliday. A ver quién es la guapa que se atreve con este toro. Y a ver quién se la pierde cuando ponga sus lindos pies sobre las tablas del Teatro Real el próximo mes de enero. ¡Ya sabéis donde encontrarme!
Pero hasta entonces os dejo con nuestro lord and master -of ceremonies- trotando literalmente por pasillos y camerinos del teatro donde los sueños de algunos se han convertido en realidad mientras que los de otros se quedaron en el oscuro banquillo de los bastidores.
¡Cómo es este hombre por dios!